"Siglo XXI", en el teatro del Museo Torres García
Tomó del teatro del absurdo, en particular de Ionesco, las situaciones donde la relación dominante-dominado llega al delirio, como en El huésped vacío, o El mago en el perfecto camino, o Los disfraces, donde reescribió La señorita Julia, de Strindberg, con añadidos de El sirviente; se apropió de personajes históricos como Tolstoi y Marcel Proust (El lado de Guermantes), se acercó al teatro «naturalista» con Garúa, Amantes y Danubio azul y al teatro de denuncia, ya concluida la dictadura, con Asunto terminado.
Siglo XXI no tenía cómo ser una excepción. La inspiración es Beckett, y encontramos en su escenografía los tachos. Los diálogos son, como en las obras anteriores de Prieto, divagaciones incontroladas; pero no por azar, sino por una decisión de otorgar especial relevancia al psiqueo. El mismo Prieto escribió como prólogo a la edición de El mago en el perfecto camino, en Antología del Teatro Uruguayo Moderno, Proyección, 1988: «… el poeta dramático debe trabajar sin pautas, más atento a los imperativos interiores que a esa realidad exterior que a veces preocupa tan vanamente». Es la idea y la realización de Kafka, que seguía las doctrinas de Rudolf Steiner: la valoración acrítica de todo lo que nos pasa por la cabeza. El artista se deja ir («Déjalo ser»); a menudo «encuentra» en ese «interior» recuerdos impremeditados de lecturas, que se adoptan, sin más, como algo propio.
En Siglo XXI dos vagabundos harapientos cruzan y vuelven a cruzar la escena; aluden a un perro llamado Cariño que desde que se lo menciona sabemos que va a parar al asador. La escenografía, con sus tachos, recuerda a Final de Partida; el vestuario y la anécdota a Mad Max, sin motocicletas. Los personajes «actúan» a impulsos, se agreden, conversan, se acosan e insultan; mencionan reiteradamente a los excrementos; al fin de cuentas, nada sucede.
No hay, lo que suele suceder en toda la obra de Prieto, una línea argumental medianamente clara, un conflicto identificable, personajes definidos, un momento de sorpresa, revelación o ingenio; o, aunque más no sea, de diversión.
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