LA LENGUA NO ES DE TRAPO

La causa y el cauce

Presa de azoramiento, leo en nuestra República el 10 de marzo: «El gobierno argentino diligenció en poco más de cinco horas la acreditación de Guillermo Pomi como embajador uruguayo en Argentina, lo que (…) demuestra que las relaciones diplomáticas entre ambas naciones han comenzado a encausarse».

¡Caramba!, me dije. No sabía que las relaciones diplomáticas pudieran enjuiciarse a sí mismas o someterse recíprocamente a un proceso penal, pues no otra cosa significa el verbo «encausar», escrito así, con ese, y que jamás puede ser pronominal.

«Encausar» proviene de «causa», que en lenguaje jurídico significa pleito judicial, proceso criminal; y el verbo encausar significa «iniciar causa penal; proceder judicialmente contra alguien». Diremos que el juez encausó al sospechoso.

Parece a todas luces evidente que, en realidad, se quiso decir que «las relaciones diplomáticas entre ambas naciones han comenzado a encauzarse», con zeta y no con ese. El verbo «encauzar» viene de «cauce», que no es otra cosa que el lecho de ríos y arroyos o un conducto por donde corre agua, y significa: «abrir cauce; encerrar en un cauce una corriente de agua o darle dirección por él»; y en sentido figurado, «encaminar, dirigir por buen camino un asunto, una discusión, etcétera». Precisamente es en este último sentido que se lo emplea.

Un español no andaluz jamás podría cometer el yerro apuntado pues su sistema fonológico distingue dos sonidos diferentes: el que se representa por los grafemas z (en final y antes de a, o, u) y c (delante de e, i) y que se define fonéticamente como consonante interdental fricativa sorda; y el que se representa gráficamente por s y que resulta ser un sonido consonántico sordo, alveolar y fricativo.

«Encausar» sólo se aplica al ámbito judicial, mientras que «encauzar» tiene un ámbito de aplicación más vasto. Se puede encauzar una corriente de agua que se ha salido de su cauce o cuyo cauce es excesivamente sinuoso; y en sentido figurado, se puede hablar de encauzar una protesta o de encauzar la rebeldía juvenil.

–Lo que podríamos encauzar es la grapa para que venga directamente del alambique a nuestra garganta, ¿no le parece?

–¡Qué lo parió!

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