Como quien oye llover, en El Galpón
El programa de mano que se distribuye a la entrada (recomendamos llevar una lupa para leerlo), dice que esta obra lleva dos años de permanencia en el teatro El cubo de Buenos Aires, sala «…emblemática» (?) «del Abasto». El dato es inexacto por generoso: «Como quien oye llover» llegó a El cubo en junio de 2008; la que permaneció nueve años en cartel fue la anterior obra de Geretto, «Sólo como una perra».
Ante un público que cuchicheaba preanunciando el éxito y los aplausos de pie, comienza la obra. Sale Geretto vestido de mujer, con un plateado bonete puntiagudo y una perra. De buenas a primeras baja a la platea y reclama: «Levanten la mano las cornudas que haya en esta sala». Se levantan dos o tres manos. Geretto se abre camino entre las butacas de la platea para el mano a mano con una de las mujeres. El diálogo fue, aproximadamente, esta maravilla: Geretto: – ¿Cómo te enteraste? Mujer: -«El me lo contó». Geretto: – «El te lo contó. Y se fue con la otra. Mujer: «Sí». Geretto:- «Y tú tuviste una nueva…» Mujer: – «Sí». Geretto:- «Ah, eso está muy bien».
Como comprenderán los lectores, nada de eso es teatro; tampoco es nada nuevo. A lo más es café concert, y añejo. Pero el café concert no encaja bien en cualquier parte. El primer obstáculo para el arte de Geretto está en las dimensiones de la sala Campodónico. Con clara inteligencia de que las cosas pequeñas van en lugares pequeños, Jean François Casanovas, que es todo un artista, comprime sus espectáculos en la sala 2 del Maipo; los chistes de Geretto, sus historias, disertaciones y exhortaciones, bienpensantes o conmovedoras, se pierden en el espacio de una sala demasiado grande. No debió ocurrir lo mismo en «El cubo», que tendrá espacio para 100 espectadores, a lo sumo. Un segundo obstáculo es lo arcaico de la idea. ¡Se ha visto tantas veces esa seudo participación del público! Por una buena réplica, para lo que se necesita la velocidad de respuesta de un Gasalla o de un Perciavalle, que Geretto dista mucho de tener, ¡cuántos momentos repetidos hasta el tedio, hasta cuántas planchas, como Moria Casán cuando sacó a bailar a un cuadripléjico.
Geretto se presenta bajo diversos atuendos. El más insistente, muy poco agradable de ver y posiblemente incómodo para el regordete actor, es una especie de corsé que deja al descubierto el pecho y la parte inferior del abdomen, que cubre con una malla. Su registro vocal es escaso y monótono: es un registro medio, al parecer incapaz de agudos y de graves. En cuanto a la mímica, es casi inexistente. Despierta simpatía, en parte por lo inerme, lo desvalido; una nota, si se nos permite, un tanto al estilo «Topo Gigio», que Geretto sabe tocar. Algunas veces, no muchas, hace reír.
Compartí tu opinión con toda la comunidad