Con Rodrigo Plá, director de El ojo en la nuca

Mirando desde México

F. Santullo Barrio

 

Inspirada en partes iguales por el reto a duelo que hace varios años recibiera el director de LA REPUBLICA y por una personal apreciación de la aprobación de la ley de caducidad, la película ya recibió una Mención Especial en el Festival de Guadalajara, México. El corto de 26 minutos, realizado por el director uruguayo radicado en México, será preestrenado mañana lunes en la Sala 2 de Cinemateca (Lorenzo Carnelli 1311), siendo exhibido oficialmente en el marco del XIX Festival Cinematográfico del Uruguay el 18 de abril, a las 19.15, en Cinemateca 18 (18 de julio casi Yaguarón).

Plá es egresado de la escuela del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) de México y tiene en su haber otro corto, Novia mía, de 1996, trabajo «tesis» que recibió el Premio a Mejor Cortometraje en los festivales de Guadalajara y Biarritz, Francia.

–¿Cuándo y cómo surge la idea de realizar El ojo en la nuca?

–Se juntaron varias cosas. Por un lado, el CCC estableció un fondo para la realización de largometrajes que fueran óperas primas de los egresados. Dado el éxito que tuvo, el fondo pronto se amplió a cortometrajes. De ahí surgen los fondos inciales para la financiación del filme.

Viene también de un montón de cosas personales. Por un lado, cuando se aprobó la ley de caducidad, para mí fue un golpe muy duro, estando en México. Era muy fuerte esa impunidad, que yo y muchos otros uruguayos fuéramos de alguna forma resultado de una dictadura militar y que esa gente que nos había echado del país no fuera juzgada.

Por otro, cuando me enteré de que Federico Fasano había sido retado a duelo por Saul Clavería, en ese entonces inspector principal de la Policía, comencé a pensar un argumento en donde el protagonista aprovechara el resquicio legal que dejaba la Ley de Duelo e intentara hacer justicia por esa vía.

Cuando vinimos a buscar locaciones para el rodaje entablé contacto con Federico Fasano, le conté la historia, se interesó y nos apoyó, convirtiéndose en co-productor del filme.

–¿Por qué elegiste ese título?

–Lo del título viene obviamente por aquella frase de Sanguinetti, que decía más o menos «no podemos seguir viviendo con los ojos en la nuca, hay que mirar hacia adelante y olvidar rencores». Se llama El ojo en la nuca porque el protagonista es el hijo de un desaparecido que no puede olvidar sus rencores, no puede enterrar sus cadáveres y no puede enterrar ese recuerdo. Es un tipo que efectivamente y por razones sumamente comprensibles, vive mirando hacia atrás. Cuando puse ese título no sabía que era una frase tan importante en Uruguay. Y eso trajo cosas, por ejemplo, la Corte Electoral nos dio autorización para filmar en su edificio y después de averiguar un poco sobre el título y el contenido de la película, nos negó la locación. Por la historia, mi origen, el elenco y la coproducción, creo que la película es también uruguaya, por eso también despierta cosas como esa.

–Más allá del contexto político, lo que indudablemente mueve la película es el drama personal del protagonista…

–A pesar de desarrollarse en un contexto fuerte es una historia convencional. Es decir, es la historia de un tipo que quiere hacer justicia, es una película de ficción, no un documental.

Si fuera la Segunda Guerra Mundial y se tratara de un nazi que no fue juzgado, los estadounidenses habrían hecho algo parecido. Gracias a Nuremberg, quedó una versión histórica clara sobre quiénes fueron los vencedores y quiénes los perdedores. En el caso de Uruguay, no hubo una guerra, por lo que esa división es turbia y por eso no está claro en qué lugar de la memoria hay que ubicarlo. Creo que pasa más bien por admitir que el tema existió, que existe, no mucho más que eso.

–¿Cómo armas tu equipo técnico?

–El ojo en la nuca tuvo más o menos dos equipos. Uno en México, con gente con la que ya había trabajado en Novia Mía, casi todos egresados del CCC. Están Serguei Saldívar Tanaka (fotógrafo con cuatro largometrajes en su haber, entre ellos Crónica de un desayuno y Sin dejar huellas), Mario Martínez (sonidista), los productores, que son los directores del CCC y también gente de afuera como Mercedes Moncada.

En Uruguay, el productor fue Pablo Stoll (director de 25 Watts, premiada en Rotterdam y de inminente estreno en el Festival de Cinemateca), quien resultó indispensable para sacar adelante el cortometraje. También gente como Arauco Hernández y otros que apoyaron mucho, gente que se sintió identificada con el proyecto.

Al rodaje en Uruguay vinieron de México el director de arte, Miguel Angel Alvarez, la script Gabriela Monroy, el asistente de dirección Eduardo Quiroz y dos actores, Gael García Bernal (protagonista de Amores perros) y Evangelina Sosa (protagonista de Angel de fuego).

En El ojo en la nuca actúan Daniel Hendler, Walter Reyno, Elena Zuasti, Ricardo Couto y el niño Joaquín Magallan. Me sorprendió mucho el nivel actoral que tiene Uruguay.

El ojo en la nuca fue rodada en formato cine (35 mm), recibió mención especial en Guadalajara y fue parte de la selección oficial en el Festival de Clermont-Ferrand en Francia, entre otros. Va a ser exhibida por TV Española luego de haber sido seleccionada en una convocatoria general de cortometrajes.

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