LA POLIFONIA POETICA

Domingo 21 de marzo de 2010 | 7:30
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La poesía en tanto lenguaje expresivo, es el género que mejor condensa las diversas inflexiones del alma, los símbolos y las representaciones del discurso literario.

Este envase creativo, que se nutre casi siempre de la emoción, es una suerte de compulsión que resiste la disciplina de las formas y suele explayarse con la libertad que sólo otorga la permanente búsqueda de la identidad.

Contemporáneamente, la poesía enfrenta los inevitables avatares de la crisis de la sensibilidad, que suele desestimar la belleza y la profundidad de abordajes en aras la digestión fácil.

Esta circunstancia constituye un auténtico desafío para los poetas, que suelen luchar contra la indiferencia de un tiempo histórico frívolo, chato e inexpresivo.

En nuestro Uruguay, uno de los más conceptuosos cultores de este género es Jorge Arbeleche, dueño de un envidiable currículum que lo sitúa como una de las más potentes voces literarios del presente. Con una prolongada trayectoria que no ha sabido de claudicaciones, el escritor ha logrado construir una identidad creativa que le permitió ganar un justificado prestigio.

En “El bosque de las cosas”, que se editó en el marco de la Colección Atalaya, Jorge Arbeleche exhibe toda la potencia de su discurso poético, que revela una rica sensibilidad en permanente construcción.

Este breve libro, que se compone de once piezas poéticas, está dividido en tres partes que marcan las diversas estaciones emocionales del aclamado escritor compatriota: alegro, adagio y largo.

En este caso, no es casual que los textos de Arbeleche estén identificados como movimientos musicales, en la medida que representan toda una polifonía de búsquedas y construcciones simbólicas.

La primera parte marca el dinamismo de la comunidad con la naturaleza, con la cual la voz poética mantiene una relación casi simbiótica de dimensión panteísta.

Por su parte, el adagio está pautado por un ritmo bastante más pausado, en un itinerario de corte bastante más introspectivo y intimista. Finalmente, el largo, que tiene una cadencia aún mayor, representa un periplo poblado de logros, frustraciones, memorias, perdones y olvidos.

(Editorial Botella al Mar)

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