RELATIVIDAD DE LAS CERTEZAS

El principio de incertidumbre señalaba el carácter inalcanzable de un cálculo científico exacto, desdibujando cualquier tipo de relación mensurable con el espacio. De ahí la pérdida de cualquier presunta exactitud en un universo donde caos y equilibrio parecerían estar en precario equilibrio y con límites imprecisos.

Como si esto fuera poco, las geometrías no euclidianas propusieron nuevas contradicciones donde, por ejemplo, tres ángulos de un triángulo suman menos de 180º sexagesimales ya que, en el marco espacio/tiempo, el mapa universal presenta curvaturas y para minimizar errores de cálculo utilizamos las líneas «más rectas posibles». Ni hablar de Gödel, que pateó el tablero al señalar, en su teorema de la incompletitud, que «ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo». Aquí estamos hablando de una afirmación que sostiene la inconsistencia de la matemática al usar un lenguaje simbólico para descifrar la realidad ya que la «aritmética no se podría usar para probar su propia consistencia». En definitiva, nunca se puede llegar a una demostración válida absoluta en el campo axiomático de la lógica formal. Por ultimo, podríamos recordar la célebre cinta de Möebius unida en sus extremos para formar una suerte de anillo que, al ser cortada, sigue guardando una extraña unidad hasta que un nuevo corte hará devenir dos aros de cinta encadenados misteriosamente. Este «fenómeno» encaja en la calidad de objeto «no orientable», como si no perteneciera al común denominador del espacio tridimensional donde desemboca el ancho, el largo y la profundidad. Es curioso cómo una simple cinta adhesiva y un pedazo de papel nos puede alertar sobre la incongruencia de un mundo ilusorio. No somos nada.

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