La rutina hecha thriller bajo receta
No deja de generar cierta sorpresa porque este cineasta neozelandés había demostrado credenciales de buen narrador y, con Mel Gibson a la cabeza como veterano detective de la Sección Homicidios, tenía buena tela para cortar a través de una trama que integraba la serie negra con temas que hacen a la seguridad nacional y la tenebrosa política de ciertas megaempresas.
En la historia, el asesinato de la joven hija del protagonista detona una investigación que puede involucrar a las altas esferas en una telaraña de comprometedores secretos. Desde la misma policía, pasando por súper corporaciones, movimientos ecologistas, la defensa del Estado y otros siniestros personajes que no conviene revelar en esta nota, el filme sin embargo teje su anécdota con innecesaria morosidad (quizá producto de una adaptación estirada de la miniserie del mismo nombre que resultó embrionaria para la realización del largometraje) pautando diversas vueltas de tuerca fáciles de anticipar hasta para el espectador más distraído.
No hay mucho para comentar, por cierto. Desde el vamos se nota la intención de marcar un juego de ajedrez condimentado por diálogos supuestamente inteligentes y el golpe de efecto que explota cada quince minutos como para desacomodar al público.
Nada de esto, a decir verdad, obtiene el resultado esperado y los pasos que desentrañan la confabulación se hacen relativamente obvios mientras Gibson continúa casi impasible en su rol de vengador devastado al que «todo le importa un bledo» durante su periplo de justicia por mano propia. En cierto sentido podría decirse que los «trucos» de la receta se ven venir desde lejos y hasta el desenlace resulta cantado dentro de una narrativa cinematográfica esbozada a pura fórmula donde todos los componentes suenan a clisé refritado. Es una lástima porque, «de afuera», el largometraje impresionaba como un producto que prometía cierta solidez aunque, a la hora de la verdad, termina haciendo que los espectadores cambien de postura a cada rato esperando que, de una vez por todas, llegue el esperado «The end». Realmente floja, qué le vamos a hacer.
Al filo de la oscuridad («Edge of darkness»; Reino Unido, Estados Unidos, 2009) Dirección: Martin Campbell. Producción: Graham King. Michael Wearing y Tim Headington. Guión: William Monahan. Fotografía: Phil Meheux. Vestuario: Lindy Hemming. Música: Howard Shore. Diseño de producción: Tom Sanders. Con Mel Gibson, Bojana Novakovic, Danny Huston, Ray Winstone y Shawn Roberts.
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