"Tercer espejo", en el Teatro El Galpón
Podemos creer que además sea promiscua, con la única salvedad de los penes pequeños, que la irritan sin satisfacerla.
Pero que además esté obsesionada con los vómitos y las heces y todavía más, con el escatol, que convoca, según nos dice, pasándose un dedo por la ingle, olisqueándolo primero y luego chupándoselo, nos parece demasiado. El posible personaje sucumbe ante la avalancha de lugares comunes que dicen de ociosidad, abandono, depresión y la serie que sigue.
El argumento, pese a tanto trueno y tanto granizo, es infantil. Por momentos parece «Murmullos» de El Viejo Pancho, por aquello de que «sólo la caña los domina». Los detalles de la vida sexual de la protagonista no llegan a escandalizar: lo de los penes pequeños parece un error, que nuestra compañera Soledad Márquez se ha empeñado convincentemente en erradicar, sin éxito, por lo menos en lo que se refiere a Peralta. En materia de sexo, si de «épater le bourgeois» se trataba, Peralta tenía a mano a Sade. Diríamos que»La filosofía en el tocador»; porque «Los ciento veinte días de Sodoma» arruinan el desayuno de cualquiera, no sólo el de Edmund Wilson. Más cerca tenía a Genet (por ejemplo, «Querelle de Brest»). Al lado de ellos, Peralta (seguramente cualquiera de nosotros también) parece una ex alumna del Sacré Coeur o una anciana devota de la Hora Santa.
Fastidiados por el texto, hemos oído, de personas con buen conocimiento del teatro, elogios para Natalia Bolani. No estamos muy seguros de que sus aplausos premiaran una actuación; más bien era una forma de allegarle a la actriz sus sinceras condolencias. Ella entra a la pieza con denuedo. Esto sí hay que apreciar. Puso toda la energía, todo el coraje posible. Se jugó entera; pero dudamos de que lo haya hecho, en todas las partes del monólogo, con verdadera convicción. Sentimos que Natalia Bolani se enfrentó al público con la determinación de un deber a cumplir o de un rito» de pasaje» a superar. Debía decir «Tercer espejo» con toda el alma. Lo hizo, y eso es mucho y habla bien de la actriz. Pero sentimos tal vez sea pura subjetividad que no podía con ciertas líneas del diálogo, que le piden un registro verbal y moral imposible de alcanzar con naturalidad; y lo que debió ser una mezcla de drama y humor, fue una muestra de tensión y ansiedad; hasta de rigidez y contractura. Quizá todo ello rime con el personaje: creemos que rima con la crítica interior de la misma actriz.
La tarea no era fácil; creemos que, más que difícil, era imposible. Ojalá el brío y las notables condiciones histriónicas de la actriz puedan verse en un texto mejor y más complejo; y por mejor, más a su alcance.
TERCER ESPEJO (Las otras caras de una mujer), de Juan Sebastián Peralta, con Natalia Bolani. Escenografía e iluminación de Yael Carretero y Ximena Seara, vestuario de Mauricio Pera, piano de Gonzalo Gravina, dirección de Juan Sebastián Peralta. En Teatro El Galpón, sala Cero.
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