La semana que pasó

Dos nuevos (casi) museos

Al no cambiar sustancialmente las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura en el próximo gobierno, no se comprende el apresuramiento de las actuales en inaugurar tres situaciones artísticas a pocos días del cambio de mando presidencial.

 

Museo Figari en formación

El Espacio Pedro Figari cambió de nombre. Pasó a Museo Pedro Figari en formación. O está formado o no es museo. Las exigencias son muy diferentes entre una sala de exposiciones temporarias y las de un museo. Parece obvio destacar dos solamente: un presupuesto adecuado y un personal capacitado. La sala quedó igual, aunque por razones de seguridad, se clausuró una entrada. El modesto tríptico plegable editado para la ocasión da un índice de la situación. Se enumeran los principales cometidos, muy compartibles, pero sin ninguna base concreta. Una utopía sin posibilidad de acción. Por lo menos a corto plazo y mediano plazo. Mientras no se establezca una política general de museos, se refuercen los existentes y se abran los que están cerrados, es difícil creer en promesas, por muy bien intencionadas que sean. La exposición inaugural consistió en 31 óleos y dibujos (excelentes aunque prestados, es decir, un museo sin acervo), dispuestos en fila india, afiches y documentos en vitrina, tres objetos provenientes de la enseñanza en la Escuela de Artes y Oficios, todo desangelado y convencional. Desde el centenario figariano de 1961, quien escribe reclama la formación de un museo y centro de investigación; sería conveniente que los interesados leyeran esa nota publicada en el diario «Acción» para enterarse de las preocupaciones reales dirigidas hacia la comprensión de su plural personalidad, posteriormente ampliada en el estudio para la elegante impresión del catálogo (en francés) de la exposición, organizada por la Unión Latina en París, 1992, y la edición de afiches enormes y medianos que engalanaron las paredes del metropolitano y los escaparates de las galerías de la capital francesa. Ningún otro pintor uruguayo tuvo la repercusión mediática de Figari. Es bueno recordarlo en un país del ninguneo permanente o sea, la ausencia de honradez intelectual.

 

Espacio de arte contemporáneo

Muy diferente es la propuesta del EAC. En una de las alas del edificio panóptico de la ex cárcel de Miguelete, se construye el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC)). Una escalera prepotente, sin la debida inclinación, indica la entrada principal al edificio (habrá otra rampa con ascensor, felizmente) cuyo espacio interior, aún a medio terminar, tiene un poderoso atractivo, con zonas totalmente piranesianas. Un excelente trabajo de readaptación funcional con fuerte carácter estructural que permitirá un incitante ciclo expositivo ya anunciado en estas páginas la semana anterior. Con la orientación, de Fernando Sicco, en cargo concursado, con serios antecedentes como creador y gestor cultural, inteligente y en especial, poseedor de una cordialidad en el relacionamiento social, factor sine qua non, que no suele distinguir a la mayoría de sus colegas. Seguramente el EAC, instalado en una de las zonas rojas de la ciudad, que las autoridades deberán considerar y neutralizar, será un hito en el arte uruguayo contemporáneo con dedicación para experimentar e investigar, aceptación de artistas veteranos y jóvenes conocidos y desconocidos. A mitad de año se inaugurará y será motivo para profundizar en las características de esta entusiasmante empresa. Por ahora, merece calurosos aplausos. El futuro está ahí.

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