EL DUENDE DE LAS IMPRENTAS
Un lector ha enviado una misiva en la que señala dos errores aparecidos en la edición del sábado 13 de febrero y se alarma, con razón, por la frecuencia con que aparecen gazapos, errores de composición o de ortografía. Dado que en su misiva el lector me interpela preguntándome si existe realmente el famoso Duende de las Imprentas, me veo en la obligación de enunciar mi opinión al respecto.
Veamos. El primero de los errores detectados es la falta de una ene: en lugar de haberse escrito «Desenmascaran milagrosas recetas» se escribió «Desemascaran…», sin ene antes de la eme. Obviamente, el lector tiene razón pues el verbo original es ‘enmascarar’ y su antónimo debe construirse con el prefijo ‘des': desenmascarar.
El segundo error detectado y denunciado por el lector se halla en el texto de la misma nota, donde se habla de «accidentes basculocerebrales», cuando se debería haber escrito ‘vasculocerebrales’ o, mejor, ‘cerebro-vasculares’ ya que una báscula es un instrumento para pesar, y vascular es un adjetivo que refiere a todo lo relativo a los vasos del sistema circulatorio. El primero de los errores puede atribuirse a una mala jugada del Duende, o sea a un error de percepción. En cambio el segundo es un grueso error ortográfico inexcusable en el que el Duende no tuvo arte ni parte sino que se debe a ignorancia o negligencia. La be y la uve (o la be larga y la ve corta, como se decía antes) son dos grafemas que representan un solo sonido o fonema: /b/. El sistema fonológico castellano perdió la diferenciación entre el sonido bilabial y el labio-dental, presente en casi todos los idiomas.
–Y sí, es como si uno pusiera una vaca sobre el techo del automóvil o se pusiera a criar bacas, ¿no?
–Exacto, Pereira. ¡Qué lo parió!
Compartí tu opinión con toda la comunidad