Neuronas y Neurosis

AGRAVAMIENTO DE LA TELEVISION VERANIEGA

Los tres canales privados de televisión por aire juegan todos sus boletos a la tv por cable. Ellos, claro, tienen intereses comunes por lo que optan por ampliar el espacio de las emisiones pagas y abandonan todo gasto que pueda suponer un movimiento en defensa de lo nacional, de lo de acá y no de lo de allá, bajo el presupuesto de la merma de televidentes que acarrea el verano, que, en realidad, no es tal.

Lo que se ha hecho no es por una estrategia diferencial propia ya que los productos se han generado por otros. El calendario, por ejemplo, que les puso por delante aconteceres que no podían evitarse. Así, el premio turfístico principal, el Ramírez, o la tragedia de Haití, o los desfiles carnavaleros, el principal por 18 o el de las llamadas, o el inicio de una nueva legislatura, aunque en este caso hubo despreocupados que prefirieron cortar sus transmisiones para mechar algún lamentable telenovelón. Ya volverán a tener obligaciones que cumplir cuando el lunes 1º de marzo se encuentren que hay cambio de mando presidencial y que ello importa más que la chismorrería barata.

Busque que hubo de nuevo en enero y febrero y el saldo será negativo. Una excepción, que debe justificar la regla, la presentación de «2010 Jugá» con el desfachatado Jorge Piñeyrúa, siempre en ese estilo de aniquilar moldes y romper estructuras con su simpatía y descaro. Lástima que tiene como pareja a Pamela David, una hermosa mujer, pero argentina, que está haciendo sus primeros esfuerzos como conductora, y los está haciendo bastante bien, pero que le quita bastante el sentido a ese eslogan de «el canal uruguayo». Hay muchos premios pero eso no alcanza, parece. De los viernes los pasaron a miércoles, seguramente por bajo rating, y todo sigue igual, sin convertirse en «una recomendación imperdible».

De la producción nacional, por tanto, no hay mucho más para decir. Si hasta el «Carnaval de Río» que muchos años atrás era emitido en directo, desde sábado a martes de Momo, con la conducción de Julio Alonso, ahora se encontró con el mismo hombre pero emitiendo programas atrasados, saliendo al aire recién el jueves 18, cuando ya se conocían quienes eran los ganadores de esa fiesta, perdiendo la inmediatez de los brillantes desfiles de los sambistas.

Quedarían por considerar los informativos centrales. En todos los casos, Telenoche 4, Subrayado y Telemundo, todo fue por mitades, con la ausencia de algunos de los periodistas de mayor peso.

Quizás el mayor impacto televisivo haya sido, todavía hay que esperar para verlo, el pase de Omar Gutiérrez que dejó atrás más de cuarenta años de andar por las tiendas de Monte Carlo. Es el gran pase de toda la historia de la tele uruguaya, sin duda, donde no se recuerdan tantos años de fidelidad rotos inesperadamente por un programador que no reconoce a uno de los protagonistas más populares de los tres canales privados. El pase al 10 será con «Hola vecinos» pero tendrá además una reivindicación para Humberto de Vargas que, con otro programa mañanero, estará procurando cambiar la cara a las somníferas primeras horas de estos últimos años, aunque, lo confesamos, «Buenas y santas» nos daba cierta frescura de tres mujeres que extrañaremos. Los malvados encuestadores sostuvieron que nunca lograron ser las primeras. No debe importarles.

En ese aletargamiento estival la desidia, la indiferencia de lo que se mostraba, llegó a extremos sin explicación. Por ejemplo, los programas que importamos de Argentina, los escandalosos de la tarde, ahora ya vienen con atraso, de uno o dos días o más, en una devaluación que avejenta las peleas de las vedettes y las aspirantes a bailarinas o botineras, tan de moda, todas con las promesas de armar líos sin importar quien caiga porque quien cae tiene también los mismos deseos de estar sus minutos en la pantalla.

O sea, como balance, tiempo para calificar como olvidable, deficiente.

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