Estreno. A propósito de "El hombre lobo", de Jonhston, protagonizado por Benicio del Toro

La licantropía en el celuloide

El imaginario colectivo ha asumido este supuesto como auténtica mutación sobrenatural en noches de luna llena o, como «se sabe», por casual nacimiento de séptimo hijo varón).

El tema ya aparecía en la Biblia (El libro de Daniel; Capítulo 4 donde Nabucodonosor es separado de la gente para vivir con los animales señalándose que «el pelo y las uñas le crecieron como si fueran plumas y garras de águila») y en la mitología grecolatina con la leyenda del rey Lycaón de Arcadia, condenado por Zeus a transformarse en bestia salvaje por sus sacrificios humanos. Un filón que el género terrorífico no desaprovechó ya que, por el año 1924, el actor John Gilbert personificó dicho fenómeno que, diez años después, reingresaría a la pantalla con Stuart Walter. De todas maneras, la «consagración oficial» del hombre lobo en el cine vino a inicios de la década del cuarenta con Lon Chaney Jr. representando un monstruo que continuaría reapareciendo cíclicamente en la pantalla grande. Este constante retorno se vio ­por ejemplo­ con el «hombre lobo teenager» protagonizado por Michael Landon en 1957 y con la propuesta del director Terence Fisher (Hammer Films, 1961) interpretado por Oliver Reed.

Si bien el personaje había sido caricaturizado en algún filme cómico de Abbot y Costello por los años 1944/45, los lobizones continuaron dando que hablar y volvieron al ataque por la década del 80 con Joe Dante y el exitoso filme «Aullidos» que, junto a John Landis («Hombre lobo americano en Londres») promovieron una suerte de resurgimiento con directores de la talla de Neil Jordan («En compañía de lobos») y su tenebrosa versión de Caperucita Roja. A esta altura de los acontecimientos, los efectos especiales ­que modificaron el trucaje primitivo de fusión de imágenes con cambios de gran impacto «en vivo» y/o digitalizados­ resultaron un espectáculo aparte para los amantes del género.

En los últimos tiempos, la licantropía ha retornado con decenas de propuestas de diversa calidad y presupuesto. Desde «Dog soldiers», de Neil Marshall, que narra un encarnizado enfrentamiento entre soldados y monstruos en la campiña escocesa, pasando por «Underworld. La rebelión de los licántropos», de Len Wiseman, con una lucha a muerte entre lobos y vampiros, las variables se han multiplicado incluyendo mujeres lobo (faltaba más, basta de discriminaciones) y hasta realizadores como Mike Nichols le han hincado el diente (en sentido figurado, claro está) reuniendo ni más ni menos que a Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer en el largometraje «Wolf».

En esta ocasión, la propuesta de Jonhston (en donde Benicio del Toro, admirador confeso del cine de terror, participa como actor y productor) se asemeja más al estilo de Fisher más que al de George Waggner, donde Lon Chaney Jr. popularizó el mito. A pesar de las propias declaraciones del intérprete sobre un homenaje a Waggner, la estética ­a juicio de quien suscribe­ nos remitiría a esa línea de Hammer Films antes que a la producción de 1941. No deja de ser, en definitiva, una producción respetuosa de los códigos (ambientes góticos, excelente fotografía y reconstrucción epocal, campamento gitano, balas de plata, maldición familiar, bosques sombríos y luna llena) que no agrega mucho a lo que se ha filmado sobre dicha criatura pero que produce algún que otro sobresalto en la butaca. Se puede ver, sin mayores pretensiones. El propio rostro de Benicio del Toro resulta perturbador e ideal para esta personificación.

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