UNA OSCURA ALEGORIA

Hay producciones artísticas que, por distintos motivos, se han transformado con el tiempo en referentes ineludibles y en inevitables fuentes de inspiración para la creación.

En algunos casos, esas paradigmáticas obras ­definidas recurrentemente como clásicas- han alimentado tendencias y hasta coadyuvado a fundar escuelas de reconocible impronta y perdurabilidad.

Una obra maestra como la recordada «Metrópolis», oscuro filme de anticipación del icónico cineasta alemán Fritz Lang, revolucionó al género de ciencia ficción, generando una corriente de futurismo sombrío.

Esta película es una verdadera metáfora de la alienación y la mecanización del ser humano, en contraposición con la ingenua visión de la realidad de la industria hollywoodense.

«Metrópolis de Fritz Lang», del autor uruguayo Marcelo Rolandi, es también el pretencioso título de un relato que mixtura realidad con ficción, tomando como punto de partida la filmación de la emblemática película.

Contrariamente a lo que podría suponerse, el libro no es la obra en la que se inspiró el filme, ni un diario de filmación del autor, ni una obra crítica analizando la cinta.

El protagonista del relato es un supuesto «extra», que narra sus peripecias, personales y profesionales, en el decurso del rodaje de «Metrópolis».

El autor, quien afirma haber recibido el libro de manos de un misterioso cinéfilo, compone una historia sin más interés que el manejo de datos históricos sobre el genial director alemán y los entretelones de la filmación de su magna obra, entremezclados con la anodina historia de ficción del protagonista.

Aunque Marcelo Rolandi demuestra un amplio conocimiento cinematográfico, compone una narración errática y por momentos forzada, que avanza dando tumbos hasta diluirse totalmente.

En ese contexto, los personajes carecen de credibilidad, son muy esquemáticos y hasta predecibles.

Pese al prestigio del filme, de su director y el sincero homenaje tributado por Marcelo Rolandi al expresionismo alemán y al cine en general, este trabajo carece del interés y el vuelo requerido.

(Editorial Orbe)

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