Un musical en homenaje a Fellini
Tributaba homenaje al cine peninsular en su conjunto y a Federico Fellini en particular.
Con todos estos ilustres antecedentes, el director Rob Marshall («Chicago») aprovecha la oportunidad para reciclar el formato a través de una tarea que intenta conservar ese espíritu de producción musical optimizada para la pantalla grande. Por cierto, no hay que profundizar mucho para advertir referencias claras en el personaje del cineasta Guido Contini interpretado por el excelente Daniel Day Lewis (que canta y baila sin problemas, como pez en el agua) aunque lo más interesante resulte indagar la peripecia creativa del artista frente al «fotograma en blanco». Apremiado por productores y actrices (que reclaman un guión inexistente), el personaje rememora vivencias que dan cuerpo a las imágenes como posible anticipo de una película a filmarse. Dentro de este circuito mental, la magia del cine permite «anticiparnos» sobre lo que el director imagina a partir de sus recuerdos transformados en música y coreografía, aunque el propio rodaje del grandilocuente proyecto «Italia» tal es la propuesta que se presenta en ficcional conferencia de prensa no llegue a concretarse nunca.
Cabe señalar que el trabajo demuestra profesionalismo y enorme respeto por la cinematografía itálica aunque no deja de ser una mirada anglosajona sobre la pasión latina. En este sentido, si bien hay pretensiones de jerarquía, avaladas por un elenco que incluye a Sophía Loren, Penélope Cruz, Nicole Kidman, Marion Cotillard, Kate Hudson y Judi Dench además del ya citado Lewis, «Nine» no estaría calificando más allá de una correctísima producción, con excelencias aisladas y discretos números musicales a excepción de «Be italian» quizás la mejor canción incluida en el largometraje. El resto quedaría a juicio de quien suscribe en la categoría de lujoso envoltorio, hecho con mucho amor, estilo y sofisticación pero relativamente fallido a la hora del balance final.
Quizás no importe demasiado ya que, por lo menos, el largometraje nos permite entrar imaginariamente al Estudio 5 de Cinecitta Studios mientras nos paseamos a bordo de un Fiat Alfa Spyder por la Vía Veneto de una Roma sesentista, rememorando «8 1/2» a la vez que nos sacamos el sombrero frente a la elegancia eterna de «la» Loren.
Claro, es un festín privado para cinéfilos aunque estén todos invitados a participar de la experiencia. Algo es algo.
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