Danza popular. Una imaginativa coreografía con vida, color, dramatismo y puro arte plástico

Tango de burdel, salón y calle, de Ana María Stekelman, en el ballroom del Hotel Conrad

Con el grato vestuario de la no menos inspirada Renata Schusheim, y con una orquesta juvenil, en la que ninguno de los músicos parece mayor de treinta años y donde nadie desciende de una uniforme perfección, Stekelman vuelve a darle a esta danza popular una imaginativa coreografía que le da vida, color, dramatismo y hasta un toque de puro arte plástico.

Es difícil determinar si en este conjunto tan armónico y homogéneo hay algún rubro que predomina, porque el signo de la puesta en escena, de la misma Ana María Stekelman, es el equilibrio, la medida, el tiempo justo, la gracia natural que viene de la buena organización de los cuerpos y mentes de los adiestrados bailarines.

Entre los bailarines se destacó Eleonora Cassano, que mantiene, y quizás hasta ha mejorado, la soltura, la elasticidad, la elegancia, la presteza y la delicadeza de movimientos de sus años más jóvenes. Ella fue la mejor y más artística solista; pero todo el cuerpo de baile mostró, en su consumado arte y en la sentida interpretación, un permanente eco, un continuo reflejo del espíritu, la personalidad y el arte del director de «Ballet Argentino», Julio Bocca.

TANGO DE BURDEL, SALON Y CALLE, libreto de Elio Marchi, por el Ballet Argentino, con Eleonora Cassano y la orquesta «China Cruel», cantante Karina Levine. Vestuario de Renata Schusheim, iluminación de Omar Possemato, arreglos y dirección musical de Julián Vat, coreografía y puesta en escena de Ana María Stekelman. En el ballroom del Hotel Conrad, Punta del Este.

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