La ironía y la desmesura marcan la última novela de Carlos Fuentes
La novela, publicada por Alfaguara, recupera a Fuentes en su disección de la sociedad azteca, con su riqueza cultural, pero también violenta, discriminatoria y con el narcotráfico como nuevo padrón de enriquecimiento.
«¿Y qué otra cosa merecen los criminales, sino un criminal más criminal que ellos?», propone Adán, un empresario inescrupuloso, que se compone con lo peor de cualquier candidato latinoamericano surgido de una cuenta bancaria, cuando se trata de la seguridad ciudadana.
Fuentes ha recorrido a través de su literatura la historia de México, desde los tiempos de la Revolución, sin concesiones, especialmente cuando se trata de esos «ricos» de los barrios exclusivos, en los que suelen ambientarse sus personajes.
Por eso, la novela incorpora también a un patriarca de los medios de comunicación, tan parecido a la dinastía de Televisa, el principal canal de su país.
Adán el empresario, uno de los personajes, cree tener «a todos capturados en el puño de su oscura mano llena de anillos de plata y amatista», pero una amante introduce una pieza inesperada de misterio en el relato.
El otro Adán, jefe de seguridad, encarna al funcionario violento e inescrupuloso, que sirve y se sirve de los empresarios para proyectarse al poder en sociedades donde la política es depredada por sus protagonistas.
A modo de reflexión, Fuentes traza una comparación entre los líderes de la revolución, hijos de campesinos o hacendados, pero dispuestos a un cambio social, y los hijos de una nueva clase social, que utiliza al Estado para sus negocios.
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