Legendario libro. Más de ochenta testimonios recuerdan al genial saxofonista

Todos hablan de Charlie Parker

Robert George Reisner es el autor de esta obra de 299 páginas. Han transcurrido 48 años de su aparición y la lectura de las declaraciones efectuadas en aquella época sigue provocando un efecto sobrecogedor.

Porque por más que se conozca la perturbada vida de Parker, por muchos ríos de tinta que se hayan escrito sobre sus polémicas actitudes, sus adicciones y su carácter irritante, quedan en pie la compasión que los jazzófilos sienten por un músico que nunca supo ordenar su conducta y la admiración que profesan por un genio que cambió la historia del jazz.

Reisner reproduce más de ochenta testimonios que pintan la compleja y atormentada idiosincrasia del músico. El mismo da su propia opinión en el primer capítulo, asegurando que «durante su breve existencia, Charlie Parker vivió más vidas que cualquier otro ser humano. Era un tipo de unos apetitos físicos desmedidos. Comía como una bestia, bebía como un cosaco y tenía la libido de un conejo».

Pero cuando soplaba su saxo alto, las cóleras quedaban de lado. «Todos estábamos presenciando el milagro que se estaba produciendo y que se repite una y otra vez en el jazz que suena por todo el país: una belleza que nace en el momento, una creatividad que se pierde en el aire después de haber dejado su huella en el cerebro y en las entrañas de quien la escucha».

La lista de declarantes incluye a Miles Davis, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Billy Eckstine, Earl Hines y Thelonious Monk. Por una parte llueven los elogios: «Su música posee una estructura tan perfecta que no puedes cambiar una sola nota para mejorarla» (Lennie Tristano). «Bird era tan avanzado jazzísticamente hablando que no creo que fuéramos conscientes de hasta qué punto sus ideas rayaban la perfección» (Gene Ramey). Por otra parte, casi todos aluden a situaciones turbulentas y enojosas que no siempre pudieron resolverse de la mejor manera.

Reisner ubica los testimonios en riguroso orden alfabético, según el nombre de los que hablan. De esa manera el lector tiene que ir armando un rompecabezas a través de anécdotas que retroceden o adelantan en el tiempo. Un interés especial ofrecen las emocionantes versiones de Addie Parker, la madre del artista y Doris Sydnor Parker, su tercera esposa, de quien se reproduce una larga carta en la que defiende tenazmente a su ex marido.

La baronesa Pannonica de Koenigswarter cuenta los últimos minutos de la vida del músico y enmienda los rumores que circularon después de su muerte. El informe médico del Hospital Bellevue, de Nueva York, es escalofriante y remata con una frase lapidaria: «El 15 de octubre de 1954, el paciente fue dado de alta y abandonado a su suerte». Un apéndice informa del funeral y el posterior homenaje.

Este libro conmovedor se completa con cuatro docenas de fotos, algunas poco conocidas. La síntesis cronológica que hay al final señala que Parker nació en 1920 y murió cuando tenía 34 años. Detalla sus actuaciones con músicos y orquestas, sus matrimonios e hijos, sus enfermedades, drogadicción, estadías en hospitales, intentos de suicidio.

A continuación, el crítico Eric Wiedemann agrega veinte páginas con la discografía de Parker, incluyendo personal de músicos, fecha y lugar de grabaciones, matrices y sellos de edición. No figuran algunos registros hechos por privados en clubes ni todos los grabados en emisiones de radio, pero la lista del musicólogo danés es muy útil para que el lector sepa cuál fue la mejor producción grabada del inolvidable saxofonista.

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