Recordando a Django Reinhardt
Fue un virtuoso extraordinario y un músico dotado de una inspiración excepcional. Las melodías y el ritmo brotaban de sus improvisaciones rebosantes de swing, cosa aún más admirable cuando se sabe que ignoraba la lectura musical.
Django compuso varios temas muy hermosos, ejecutándolos en su guitarra para que un copista escribiera las partituras. Su estilo era muy personal, reconocible, en el que se combinaban el folclore hereditario de los gitanos, las cadencias de los conjuntos de cuerdas europeos y los elementos del jazz afroamericano. Su música, de subyugante belleza melódica y un ritmo vivaz y contagioso, ganó aceptación universal más allá del círculo de especialistas de jazz. Tocaba violín, guitarra y banjo y vivía en un campamento gitano cerca de París. En 1928 su carreta se incendió y él sufrió graves quemaduras que le inutilizaron los dedos anular y meñique de la mano izquierda. Ello obligó a que buscara un método alternativo para pulsar las cuerdas de su guitarra.
A comienzos de los 30 se instaló en París, grabó con el cantante Jean Sablon y se interesó en el jazz con los discos de Louis Armstrong, Duke Ellington y el binomio Joe Venuti-Eddie Lang. Con el estupendo violinista Stéphane Grappelli, el contrabajista Louis Vola y otras dos guitarras (Roger Chaput y su hermano Joseph Reinhardt) fundó el Quinteto del Hot Club de Francia. No fueron necesarios trombones, trompetas, piano ni batería para generar hot jazz excitante y de buen nivel.
El éxito de este grupo fue el detonante del interés mundial en el jazz europeo. La copiosa serie de discos grabados a partir de 1934 no hizo más que certificar su popularidad. El virtuosismo y la brillantez de Django le abrieron caminos para grabar con figuras de la talla de Coleman Hawkins, Benny Carter, Eddie South, Dickie Wells y Bill Coleman y ser el invitado de lujo en el Carnegie Hall de New York (1946) para tocar junto a la orquesta de Duke Ellington.
Durante la Segunda Guerra Mundial Grappelli permaneció en Londres y Reinhardt formó otro quinteto con clarinete en lugar del violín. Pero su creciente interés en la guitarra eléctrica y los nuevos estilos pregonados por Charlie Parker lo inclinaron hacia el bop, donde demostró que su poderosa inventiva permanecía intacta.
Por fortuna los discos de Django han sido reeditados con frecuencia. Una de las compilaciones más exhaustivas fue la de la discográfica británica JSP, que ha puesto en el mercado cinco cajas que totalizan 23 cedés con las grabaciones realizadas desde los comienzos del Quinteto hasta la muerte del guitarrista.
El placer por el atractivo estilo del «manouche» belga se ha mantenido hasta hoy y en muchos países se estuvieron realizando festivales y homenajes alusivos. Montevideo ha sido testigo de la presencia de varios notables seguidores que nos visitaron. En 2003, recordando el cincuentenario de la muerte de Django, llegaron el guitarrista Eric Bogart y el violinista Federico Britos. Al año siguiente estuvo Biréli Lagrène con su Gypsy Project y en diciembre tuvimos a Angelo Debarre y el acordeonista Ludovic Beier. Uruguay tiene su grupo estable con el Ensamble de Jazz Gitano que dirige Angel Varela Rey. En 2004 fue Hermenegildo Sábat quien publicó «Dos dedos», un libro con una interpretación gráfica de la vida de Reinhardt. En 1953 John Lewis compuso su hermoso «Django», tema varias veces interpretado por el Modern Jazz Quartet. Y en 1999 Woody Allen filmó «Dulce y melancólico», en el que Howard Alden tocó en el estilo gitano, dándole sonido a la guitarra del actor Sean Penn. Son algunos ejemplos de la admiración y el cariñoso reconocimiento que ha despertado este prodigioso jazzista.
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