Neuroanas y neurosis

HAITI Y NUESTROS ENVIADOS TELEVISIVOS

El pasado martes 12, ese mundo de miseria, hambre, ignorancia, corrupción y calamidad que es Haití, en pocos minutos se transformó en la mayor tragedia de este hemisferio occidental. Será imposible llegar a una cifra real de muertos aunque todos coinciden que superarán los 100.000.

El desastre ocupó, de inmediato, la información en nuestros medios de comunicación. Se tuvo abundante visualización de los horrores y la desgracia padecida por ese país que ya cargaba el lastre de ser el más pobre y abandonado a la mala suerte por todos los poderosos.

Ese todo, más que la nada de las policiales locales, fue buen alimento para avanzar con lo que nos enviaban las agencias noticiosas y canales de televisión internacionales y así todos sintieron ese dolor de la venganza de la Tierra sobre el hombre.

Buen alimento de información que comenzó a mostrar también los apetitos de los dominadores desarrollados. En estos momentos, los Estados Unidos de América, se destaca, apuraron la llegada de miles de soldados que se apoderaron del aeropuerto de Puerto Príncipe y allí deciden por sí quien baja y quien no. Esto provocó, entre muchos otros casos, la protesta de otros grandes, como Francia y Brasil, que han discrepado con los criterios estadounidenses puesto que han prohibido aterrizar a aviones con ayuda sanitaria y alimenticia.

Pasarán meses y años antes que ese pedazo de la isla La Española, vuelva a parecer tierra recuperable y no simple señal de destrucción. Hay que ser optimistas. Hay que pensar que la humanidad restante sabrá ayudar con un pronto rescate a los millones de haitianos que entre los escombros están comenzando a sobrevivir por el saqueo, y no por los especuladores que, se informa, están en el tráfico denigrante de acopiar medicina y comida para luego revenderla.

Los días pasan y nada indica que algo mejore. Esto, sin duda, movió a los canales privados de televisión por aire a enviar corresponsales para acercarnos una visión uruguaya, mal acostumbrada a estos infortunios colectivos.

Aquí, como primera impresión, hubo estrategias diferentes. Canal 4 Monte Carlo envió a una joven, casi desconocida periodista, Carolina Domínguez, que en Teledía del martes 19, se presentó micrófono en mano, con tapaboca y saludó y luego paso a imágenes de lo que queda de Puerto Príncipe, hasta que regresó, siempre con el cubreboca para decir que el polvo demandaba su uso, sin gastar más de diez palabras, sin describir absolutamente nada y el camarógrafo debió continuar su trabajo solitariamente. Parecía ser una turista. Luego, en una segunda intervención, se la encontró, en otro montón de tomas de piedras e individuos deambulando sin rumbo, y esta vez, desde estudios se le precisó que había varios sitios informando sobre el hallazgo del cuerpo sin vida de Daniel Varese.

La muchacha no tenía confirmación alguna. Aquí no había culpa, vale defenderla, pero la sensación era que desconocía todo sobre ese otro compatriota. Estar presentes no significa saber dónde se está.

Canal 10 envió a «Nano» Folle, y en una de sus entregas, la que vimos primero, lo encontramos muy fluido, muy impactado por esa realidad que vivía y su informe fue preciso, en lo «inenarrable» como acotó el periodista. El mejorcito de lo visto.

Teledoce mandó a Martín Sarthou, su experto en internacionales. Lo que vimos fue una desinteligencia entre Claudia García, desde estudios, y Sarthou, a quien no se oía nada más que entrecortado, lógicamente por las dificultades de comunicación con ese país. Antes de su aparición, Antonio Ladra, conductor en las vacaciones de Aldo Silva, también pifió anunciando el contacto con el enviado especial, lo que no se produjo hasta muchos minutos después del desconcierto generalizado

Pero hay que admitirlo. Los tres canales se animaron a enviar movileros y eso cuesta muchos dólares. Casi casi como unos minutos de publicidad.

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