Pilar. Osamu Tezuka, autor fundacional del manga ingresa al celuloide

Hollywood se juega por Astroboy

El aterrizaje de dicho personaje en la pantalla grande es ­obviamente­ una decisión empresaria, buscando captar un público masivo que pase por boletería (pero que queda expuesta al ojo crítico de los fanáticos) más allá de un cuidadoso armado que incluye realizadores que ya han trabajado en propuestas de la talla de «Roger Rabbit» y «El espantatiburones», entre otras (aunque, en un principio, se había hablado hasta la inclusión del mismísimo Tim Burton).

Pero más allá de la intervención de «especialistas», el eje temático de la propuesta tiene que ver con esa especie de robot superpoderoso con alma de joven que cautivó tanto a asiáticos como a espectadores de otras latitudes del globo y que, en esta versión resulta altamente «occidentalizado» para la aceptación del público norteamericano.

Ambientada en un contexto futurista, la película reitera la historia de un científico muy prestigioso que crea un androide a imagen de su hijo fallecido pero luego lo abandona, culpabilizado por su actitud. (Cualquier similitud con «Inteligencia Artificial» puede no resultar coincidencia).

De ahí en más, el superniño emprende una campaña de salvataje de la humanidad en donde participa de las más insólitas aventuras.

Según algunas notas de prensa, la producción del filme estima que «la historia atraerá a antiguos seguidores y a público nuevo. ‘Astroboy’ es un chico como cualquier otro que enfrenta adversidades, pero que al final las supera». Un comentario absolutamente banal que oculta esa parte relativamente oscura del argumento (Llenar la angustia emocional de la pérdida de un ser querido con una imitación, por ejemplo). Lo cierto es que la inversión (unos cincuenta millones de dólares, aproximadamente) intenta rescatar dinero y triplicar ganancias a bordo de una historieta animada que combina el manga japonés con el estilo de la Meca, dinamizando el vértigo narrativo y marcando un «cine de fusión» donde la hibridación debe ser sinónimo de aceptación popular. Con esta idea, se ha combinado la pericia tecnológica de chinos, japoneses, británicos y norteamericanos (con algún latino mezclado en el pelotón) en el claro propósito de una rentable globalización «artístico-comercial».

En un mundo poblado por robots, androides y humanos, el largometraje plantea enfrentamientos entre máquinas y seres de carne y hueso (como «Terminator») aunque también aparecen extraterrestres monstruosos (como «Alien»), entre otras similitudes. Pero bueno, algo de dinero va a recaudar, sin lugar a dudas. De todas maneras, todavía quedan recetas que pueden refritarse en procura de rentabilidad. Modestamente proponemos personajes menos estrafalarios como Periquita, La Zorra y el Cuervo o Lorenzo y Pepita. Con un buen marketing detrás, seguro que funcionan.

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