Memorial del convento

Hugo Acevedo

 

Desde el rudimentario lenguaje rupestre, que representaba gráficamente las rutinas, sentimientos, temores y angustias de las primeras comunidades humanas hasta la contemporánea era de la informática que hoy nos confronta a nuevos horizontes de conocimiento, la comunicación ha transitado airosamente los complejos laberintos de la historia.

En ese incesante y desafiante devenir, el hombre ha asumido múltiples técnicas comunicacionales, a través del intransferible vehículo de la palabra y de las diversas expresiones del arte.

Sin embargo, más allá del indudable poder de seducción estética y emocional de la pintura, la escultura y aún de la música, la literatura ha mantenido su sitial de privilegio como primordial herramienta de interactuación social por antonomasia.

No en vano la literatura ha nutrido incluso al teatro y posteriormente al cine, en una suerte de secuencia creativa destinada a romper con las siempre subyugantes fronteras de la intimidad de la lectura, instalando en el escenario o imprimiendo en la magia del celuloide historias, personajes y –naturalmente– emociones.

Pero escribir también es, ciertamente, hasta una modalidad de catarsis, mediante la cual el autor traslada sus mundos interiores fuera del reservado ámbito de su espíritu.

El Premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago es hoy, sin dudas, un personaje paradigmático. Aunque muchos pretendan erigirle pedestales, el autor de «El evangelio según Jesucristo», «Historia del cerco de Lisboa», «La balsa de piedra» y otras recordadas obras, es algo más que un gurú de la intelectualidad contemporánea.

Desafiando a la frivolidad de este cambio de milenio de discursos vacíos y creciente insensibilidad, Saramago sigue tejiendo con su talentosa pluma el indispensable entramado entre la realidad y la utopía.

Más allá de las exigencias del mercado, el creador de «La caverna» escribe por el placer de escribir. Sin embargo, asumiendo que la literatura es también un compromiso, jamás soslaya la propuesta reflexiva.

La reedición de «Memorial del convento» propone un reencuentro con una de las obras mayores de la profusa producción del laureado autor lusitano.

En este libro de lectura sin dudas regocijante, José Saramago construye un relato apasionante, poblado de personajes desencantados que se van incorporando paulatinamente al paisaje literario.

Apelando a su lenguaje barroco y de trazo osado y desafiante, Saramago instala a sus personajes en un escenario temporal y espacial cargado de conflictos, en el que cada uno parece asumir el rol que le reserva el destino.

La narración nos propone situarnos en el período de auge del Portugal imperial, enfrentado a guerras hegemónicas, miseria, violencia, intolerancia y un cerril fanatismo religioso.

Allí un rey, que es el quinto exponente de su dinastía, vive intensamente la traumática angustia de la presunta infertilidad de su esposa. Pese a sus esfuerzos y deseos, no logra que su mujer le otorgue la gracia de un infante que perpetúe su noble linaje.

Saramago describe minuciosamente el permanente trasiego del monarca rumbo a la recámara de su consorte, procurando garantizar su descendencia.

Cargando su pluma de fino humor sardónico, el autor narra –con lujo de detalles a veces hasta desmesurado– el ceremonial previo, la cópula y el epílogo de un acto sexual de naturaleza meramente reproductiva, que soslaya todo erotismo o placer carnal.

Describe la humillación de la mujer que debe someterse obsecuentemente a los propósitos de su esposo. Por entonces –en tiempos que las féminas eran compradas como mercadería– cualquier atisbo de resistencia podía ser interpretado como una grave afrenta y hasta un desafío a la autoridad del soberano.

José Saramago ironiza en torno al poder de la teocracia, que pacta una suerte de transacción entre el rey y el mismísimo supremo creador, para que llegue el ansiado hijo que pondrá a buen recaudo la continuidad de la familia real. Los sacerdotes afirmaban que si el monarca accedía a construirles un convento, seguramente Dios le concedería un vástago.

Jugando con el lenguaje como es su estilo, el escritor pincela el paisaje social del Portugal imperial, con su moral hermética y despiadada, sus rasgos autoritarios y su patológico fanatismo religioso. En ese contexto, critica ácidamente la demencial experiencia de la inquisición que tantos aberrantes crímenes cometió en nombre de Dios.

A medida que evoluciona el relato, el autor va incorporando otros personajes a la historia, con improntas no menos desencantadas y representativas de una época que ciertamente reservaba un escaso margen para la utopía.

De la pluma del escritor nace un soldado manco que ha perdido una de sus manos, en una guerra –absurda como todas– que nunca entendió. Su parcial invalidez es una suerte de calvario perpetuo, que lo condena al olvido, el hambre, la miseria y la marginación.

Sin embargo, aún para este descastado el destino puede ser pródigo. Seguramente cuando menos lo esperaba, a su vida llega el amor junto a una misteriosa mujer, cuya madre ha perecido en la hoguera acusada de bruja.

Un sorprendente cura que aspira a construir una máquina voladora seguramente para visitar anticipadamente a su amo celestial que mora en las alturas, incorpora un nuevo rasgo de desmesurada ironía no exenta de reflexión al relato del laureado creador portugués.

Mixturando realidad con ficción y fantasía, José Saramago desafía intensamente a la imaginación del lector, para convocarlo a compartir un relato tan inteligente como subyugante. El autor apela a todos los recursos del lenguaje, para construir minuciosamente una historia rica en personajes, situaciones y agudos contrastes.

Saramago recrea con magistral escritura al Portugal de la época de mayor pompa y esplendor, cuando la monarquía era un modelo autoritario fuerte e inconmovible.

Su discurso crítico se detiene particularmente en la intolerancia religiosa, cargada de odio y exacerbación contra quien osara profesar un credo o una moral diferente a las inmutables concepciones dominantes.

El autor reflexiona en torno a la soledad del poder, la exasperante frivolidad, el oscurantismo espiritual, la pobreza, la marginalidad y el amor entre diferentes, diseñando un paisaje social de rasgos por momentos hasta despiadados.

La lectura de «Memorial de un convento» resulta una experiencia ciertamente regocijante, por el depurado lenguaje que Saramago imprime a su escritura y su indudable talento para explotar adecuadamente los sentimientos y las emociones de sus personajes.

(Editorial Alfaguara)

 

La narrativa popular ha cumplido, desde siempre, un papel fundamental en la construcción de las visiones del mundo. En ese contexto, la telenovela es hoy uno de los géneros que cuenta con más adeptos.

Es frecuente que en un diálogo cotidiano escuchemos una pregunta frecuente: «¿Viste la novela?».

A partir de esa interpelación aparentemente insoslayable, los consuetudinarios televidentes reelaboran la historia, la entretejen con sus propias experiencias y dan cauce a sus más caros sueños. Escritura, imagen narración y oralidad se encuentran así en las rutinas de los espectadores.

La docente uruguaya Rosario Sánchez se propone en este libro indagar en el encuentro de la ficción televisiva con sus receptoras. La investigación se concentra en las interpretaciones que las mujeres suelen construir en torno a las personajes femeninos de la telenovela brasileña, por cuanto en ella el juego con los límites del género y la diversidad de personajes y temáticas acentúan su capacidad disparadora de sentidos.

(Editorial Taurus)

 

La c
arne de René

Esta novela del ya fallecido escritor cubano Virgilio Piñeda, narra la historia de René que, a punto de cumplir veinte años de edad, es enviada por su padre a una peculiar escuela para que, en lugar de cultivar el espíritu, se adiestre en el castigo de la carne. El cruento aprendizaje que allí se le imparte, cercano al suplicio, culminará con un grotesco rito de iniciación del que felizmente la joven escapa.

A partir de ese momento, en una sociedad que rinde pleitesía a la carne, tanto como fuente de placer como de dolor, la vida de René se transforma en una auténtica odisea. Esta es una novela intensa, narrada con crudeza y lenguaje osado, que desnuda las miserias y la falsa moral de una sociedad enferma y que no tolera que nadie desafíe sus reglas.

(TusQuets Ediciones)

 

Genoma

El periodista norteamericano especializado en ciencia Matt Ridley nos presenta esta obra magnífica, concebida con indudable rigor científico y elocuente valor pedagógico.

El genoma humano –que es el conjunto de genes que posee un individuo– transmite la información hereditaria que se encuentra en el núcleo de todas las células, en sus veintidós pares de cromosomas distintos y en el par número veintitrés de cromosomas sexuales que nos distingue en género femenino y género masculino. En esos genes, precisamente, se encuentra el secreto de la vida, en la molécula de ADN, que descubrieron en 1953 el joven biólogo americano James Watson y el físico inglés Francis Crick, en lo que constituyó uno de los hitos científicos más descollantes de todos los tiempos. Imaginemos al genoma como un libro, un documento gigantesco con más de mil millones de palabras, que pretende descifrar el origen y el secreto de nuestra existencial, descubrir la causa de graves enfermedades genéticas e investigar la compleja conducta humana.

«Genoma» es un libro complejo pero a la vez aleccionante, dotado de un lenguaje quizás excesivamente técnico. Sin embargo, la palpitante actualidad del tema amerita igualmente la lectura de esta valiosa obra de divulgación.

(Editorial Taurus)

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