Napoleón, el filme que Kubrick nunca rodó
Fue una frustración de la que nunca pudo recuperarse, pese a otros proyectos no menos seductores como «Barry Lindon», «El resplandor» u «Ojos bien cerrados», la última en la escala de sus producciones con la que cerraría su carrera en 1999.
El tema salió a la luz aquí con la reciente publicación del guión de la película, en una tirada de diez ejemplares, bajo el título de «Napoleón: el gran filme que nunca se hizo», a un precio asequible sólo para bolsillos privilegiados: 250 libras esterlinas, equivalentes a 504 euros.
A Kubrick le interesaba, sobre todo, la exploración de la locura humana, el modo en que el hombre es gobernado por las emociones, a las cuales obedece, por encima de cualquier actitud racional. Para él, Bonaparte constituía el ejemplo ideal.
Apuntalaba su argumento con el imperio que ejerció Josefina sobre él gran corso y el modo errático en que condujo la batalla de Rusia, que lo llevó al declive final.
Las revelaciones las hizo a la prensa su cuñado Jan Harlan, quien fue su asistente de dirección durante el rodaje de «La naranja mecánica».
Kubrick acumuló una vasta información sobre Bonaparte, lo estudió en todas sus facetas y entretelas, leyó todos los libros escritos sobre él, en inglés en su época, hasta convertirse en un verdadero experto.
Llegó a auxiliarse incluso de un equipo de historiadores encargados de responder todas sus vacíos e interrogantes.
El volumen con el guión incorpora la correspondencia sostenida al respecto y cartas a los actores en los que pensaba para interpretar al corso, entre ellos Ian Holm y Oskar Werner.
Harlan no pierde las esperanzas de que el Napoleón de Kubrick pueda llevarse a la pantalla algún día, pero hasta ahora no ha conseguido cautivar a nadie, ni siquiera a dos directores tan audaces como Ridley Scott o Ang Lee.
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