Leyendas. Los músicos del popular conjunto cubano ya preparan a sus sucesores

Abuelos del Buena Vista Social Club se inyectan sangre joven

El timbalero y miembro fundador Amadito Valdés, de 63 años, afirmó a AFP: «Buena Vista Social Club es un sólo aire, llegó para quedarse y para que las generaciones jóvenes asuman el legado que nosotros les estamos dando».

Vestido totalmente de blanco ­de buen augurio en Cuba­ Valdés participó en el concierto que Buena Vista ofreció hace unas semanas a los 400 estudiantes de entre 15 y 18 años de la Escuela Nacional de Arte, de donde han salido mucho de los actuales músicos.

El concierto fue también un homenaje a los fundadores que ya murieron, recordados con sus temas más conocidos: Francisco Repilado (Compay Segundo), Ibrahim Ferrer, Manuel Licea (Puntillita), Pío Leyva, Rubén González y Orlando López (Cachaíto).

«Aunque físicamente ellos se vayan, no se van nunca, están con nosotros», dijo Omara Portuondo, que a los 79 años conserva la potente y armoniosa voz que le hizo ganar recientemente un Grammy Latino.

El proyecto grabó tres discos, y uno de ellos, el «Buena Vista Social Club», ganó el Grammy en música tradicional en 1998.

La fama vino ese mismo año tras dos conciertos en el Carnegie Hall de Nueva York y en Amsterdam, y un documental con el mismo nombre de Wenders, que ganó quince premios internacionales y universalizó al proyecto.

Se trató de revitalizar el son cubano, la guaracha, la guajira y otros géneros. «Esta música tradicional cubana no ha de morir jamás», asegura Portuondo.

Sin embargo, el grupo inicial del Buena Vista sólo tuvo una actuación en la isla, en noviembre de 1999 en el teatro Karl Marx. Desde entonces no habían coincidido varios de ellos como en esta ocasión, convocados a tocar gratis para los futuros músicos.

Este concierto «es importante para nosotros porque aquí están los pinos nuevos, los que nos van a relevar a nosotros», dijo el Guajiro Mirabal, un trompetista de 76 años y clase mundial, que derrocha energía con el instrumento pero es parco al hablar.

Tras la muerte de Ferrer en 2005, su orquesta siguió como una especie de enlace del grupo y hace un año adoptó el nombre de Buena Vista Social Club. Su representante, Gilberto Padrón, asegura que «es una continuidad porque seguimos el rastro que nos dejaron los fundadores».

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