Mark Knopfler, un modo mayor de la cultura pop
Raúl Forlán Lamarque
Referir a Mark Knopfler es, de inmediato, asegurar que se trata de uno de los compositores más encumbrados de toda la historia de la cultura rock: ese individuo cuyas señales más palpables son su delicioso gusto en la construcción de canciones y melodías irrepetibles y, en ese contexto, poseer uno de los fraseos guitarrísticos más importantes que alguien vinculado al último tramo de la cultura rock haya expandido con extraordinaria soltura y naturalidad y una fineza irresistible.
Lo cierto es que Mark Knopfler, ese narigón con vincha y voz dylaniana con un decir absolutamente cautiva y de insoslayable profundidad al momento de susurrar o masticar su letrística simple en su complejidad, se presentará hoy a la noche en concierto desde las 21.30 horas en el Teatro de Verano: lo hará acompañado de un esmerado equipo de instrumentistas para disparar ante un seguro y fascinado auditorio los materiales de su más reciente disco en calidad de solista, Sailing to Philadelphia, y por cierto que dentro del repertorio no faltarán al menos en un cuarenta por ciento sus más connotados y festejados hits de la gloriosa época de su ex agrupación Dire Straits.
Este compositor, guitarrista y cantante posee virtudes mayores: una paleta de coloraciones en su fluir guitarrístico realmente asombroso y, a la hora de practicar solos, plantearlos de manera que nunca lo transformaron –por su notable digitación– en un acróbata de las cuerdas, sino que todo lo dispara para sumar, enriquecer, otorgarle más densidad y volumen, también refinamiento a cada una de sus estructuras musicales. No es un corredor de la guitarra, y vaya si Knopfler lo sabe: posee una técnica y una intuición prodigiosas y, basta hacer la lectura de sus canciones, para comprobar que sus solos son extraordinarios que su modo de cantar es uno de los más solventes y sugestivos de la cultura rock angloparlante.
Es que desde que irrumpió con Sultanes del swing al promediar la década del setenta, y liderando la estética de los entonces Dire Straits, Mark Knopfler ha trazado una peripecia con un in crescendo fuera de serie y, desde esa posición ya de artista de logros mayores, ha sido referente de más de una generación con un suculento menú de canciones de superlativa gestación letrística y musical.
Así, pues, piénsese en ejemplos tan perdurables como la propia «Sultans Of Swing» o, si se quiere, una red de canciones que incluye temas extensos y envolventes como su amplia respiración arreglística y en definitiva musical tales como «Private Investigation» o la tremenda «Romeo And Juliet» y asimismo otras de un empaque o de una métrica más rocanrolera como la exitosísima «Money For Nothing» (canción que permitió crear uno de los vídeo clips de animación más imaginativos desde que arrancó la era MTV, cuando Knopfler estaba paradójicamente en contra de la hechura de vídeos ya que en su visión coartaban la imaginación de los receptores) o la sosegada «So For Away» o la movida y con climas a lo Bruce Springsteen como «Walk Of Life» y también la formidable y humanista «Brothers In Arms» (donde Knopfler alcanza un grado de inspiración inolvidable, en particular en la melodía y los solos que acompañan su fantástico decir), canción que le dio nombre a lo que fuese su mayor álbum discográfico.
Mark Knopfler, un personaje de auténtico porte dylaniano sobre todo en sus maneras expresivas y en su timbre áspero y a la vez enternecido, también de cierta graduación alcohólica, es uno de esos guitarristas que siempre sorprenden por su imaginación del formato pop. Su velocidad en el fraseo tiene siempre un temperamento hecho de refinamientos (de su generación podrían estar a su altura, y con otro modo de pulsar las cuerdas, The Edge, Andy Summers, Johnny Marr y pocos más) y, por cierto, sus solos –vale insistir– nunca se jugarán por lo tanto a la estridencia sino una combinación perfecta entre el hecho puramente sonoro y el uso armonioso de los silencios. Escúchese su doble en vivo Alchemy, y se comprobará estas meditaciones claramente.
Cantante y compositor excepcional, entonces, ese guitarrista narigón exhibirá un modo de expresarse inalterable e inimitable y un modo de tensar y dilatar las cuerdas de sus guitarras con un virtuosismo impar: de esta manera encantará al público esta noche en el Teatro de Verano junto a su nuevo staff de instrumentistas: las canciones de Sailing To Philadelphia (que tuvo contribuciones de compositores magníficos como James Taylor o el gran Van Morrison, por ejemplo) y aquellas de Dire Straits harán estragos, regocijantes estragos entre el público.
Bienvenido, Knopfler.
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