La revancha de los rematadores

A la «apagada y vil tristeza» , versos memorables de «Los lusíadas» del portugués Luis de Camoes, que transita por los museos montevideanos, las casas de subastas vuelven a marcar el interés por partida doble en Punta del Este. J. E. Gomensoro, el martes a las 21.30 horas en Museo de Arte Americano de Maldonado, y Castells, el 16 de enero, a las 22.00 horas, en el Hotel Conrad.

Los memoriosos repasarán, sin esfuerzo, algunos de los grandes nombres que desfilaron por la pinacoteca del Parque Rodó en las últimas décadas: esculturas de Rodin, grabados de Rembrandt que pasaron inadvertidos para los grandes medios y la crítica desamparada de ideas ante tal acontecimiento, Alexander Calder, surrealistas y dadaístas, las españoles Antonio Gaudí, Picasso, Miró, Grupo Crónica, Manolo Valdés, Rafael Canogar, Manuel Hernández, Miquel Navarro, Carmen Calvo, Klee (en dos oportunidades), la Bauhaus, Jannis Kounellis, Yoko Ono, Colección Cisneros, Colección Costantini, ambas con obras de los uruguayos Carmelo Arden Quin y Rhod Rotfuss, Günther Uecker, Otto Dix, Joseph Beuys (nada menos), Chagall, Max Ernst, Arte Argentino, los nacionales Leandro Silva Delgado, Luis Camnitzer, Carlos Capelán, Antonio Frasconi y Menchi Sábat, el mejor Premio Figari, Premio NMB Bank, el regreso del Salón Nacional luego de 17 años de ausencia, Rosemarie Trockel, las revelaciones de los videastas Pierre Coulibef y Bill Viola, dos personalidades escandalosamente omitidas por los distraídos de siempre con ínfulas de críticos, obras del Museo Vaticano, la magnífica del arquitecto Santiago Calatrava, los mexicanos Toledo, Rufino Tamayo y José Luis Cuevas, el colombiano Botero. Al contemplar el panorama de los tres últimos años del Museo Nacional de Artes Visuales, con excepciones aisladas, los versos de Camoes adquieren una indesmentible actualidad.

Sin embargo, la ministra del MEC debe sentirse satisfecha. Con el apoyo «espontáneo» de 600 personas, registradas con nombre y apellido, cortesanos de ayer y de hoy, algunos auténticos creyentes en una gestión aparatosa y epidérmica, escasos artistas visuales, numerosos teatreros (las artes escénicas fueron privilegiadas) su rebajada autoridad de futura viceministra quizá prosiga con el ostracismo hacia las artes visuales, los museos, cerrará salas temporarias y, como por arte de birlibirloque, transformará espacios culturales o ex cárceles en museos. Esas 600 firmas ignoran, además de soslayar la incompatibilidad entre interés público y privado que practican varios funcionarios, que para crear un museo es indispensable consultar con anticipación a expertos, llamar a licitación a arquitectos especializados en museística, capacitar al personal, tener un presupuesto importante, planificar las posibles actividades, adquirir con anticipación un mínimo de acervo y no mendigar préstamos a los postergados artistas nacionales. Todo eso lleva tiempo (de reflexión, de consulta, de asesoramiento), no puede obedecer al capricho repentista del imperioso aquí y ahora. Las nuevas, impostergables tecnologías utilizadas en los museos actuales, para confort y seguridad, parecen utopías inalcanzables. Y para que no haya incómodos protestones, se desbarató la Comisión de Patrimonio. La calidad democrática de la cultura y la cultura misma uruguaya se encogió.

Menos mal que todavía quedan islotes aislados donde se puede ver el arte nacional moderno y contemporáneo. Son las casas de subastas que durante la temporada pusieron de manifiesto obras desconocidas de relevantes personalidades. Ahora amplían el espectro de posibilidades con «Autorretrato» de Jorge Páez Vilaró, composiciones de los años sesenta de Juan Ventayol, Jorge Damiani, Raúl Pavlotzky, José Gurvich, José Gamarra, Américo Sposito y Washington Barcala, trabajos desconocidos de Adolfo Halty, Antonio Seguí y Hans Platschek, un luminoso «Castillo de Bellver y frutales en flor», de Pedro Blanes Viale, la calidad de «Constructivo», de Francisco Matto y «Naturaleza muerta planista», de Alfredo de Simone, son piezas destacables presentadas por Gomensoro.

Desde el 13 de enero, en el Salón Río de Janeiro del Hotel Conrad, se podrá visitar «Arte Moderno y Contemporáneo», propuesta de Castells, con importante catálogo. Se exhiben obras de Hugo Longa, Adolfo Halty, fotografías abstractas de Rómulo Aguerre, Antonio Llorens, Germán Cabrera, escultura y dibujo, Agustín Alamán, Hilda López, Raúl Pavlotzky, Manuel Espínola Gómez, José Gamarra, José P. Costigliolo, María Freire, Miguel A. Pareja, Américo Sposito, Leopoldo Nóvoa, Jorge Páez Vilaró, Lino Dinetto, Jorge Damiani, Clarel Neme, Nelson Ramos, César Rodríguez Musmanno, todos artistas que no se pueden ver en los museos de Montevideo, con obras representativas de la famosa década del sesenta. Ocho pequeñas esculturas figurativas en plomo, «Comparsa», firmadas con iniciales y fechadas en 1985, figuran pertenecientes, increíblemente, al artista madí Rodolfo Ian Uricchio.

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