FRACTURAS DE LA MEMORIA
Nuestra América, en tanto territorio colonizado, es un auténtico crisol de culturas, que abrevan de las inagotables fuentes de una historia edificada sobre los cimientos del heroísmo, pero también de la barbarie y el genocidio.
Si bien las nacionalidades que hoy conviven en este siempre balcanizado continente trascienden en el tiempo a la tormentosa aventura militar de la conquista, muchas de ellas nacieron del vientre de las mixturas étnicas.
En «La mirada de Federico», obra publicada originalmente en 2003 y recientemente reeditada, el escritor y periodista Joselo González Olascoaga construye una novela de fuerte acento emocional, que recorre simultáneamente los territorios de la historia de nuestro Uruguay y de España.
Asumiendo una vívida descripción de ambientes, el autor traslada imaginariamente al lector al Cementerio Central de nuestra capital, a donde el protagonista acude con el propósito de tramitar la reducción de los restos de Federico, un emigrante gallego que en vida fue su entrañable amigo.
Transformándose en un improvisado guía, el escritor asume la recreación de muchos de nuestro íconos políticos, sociales y culturales. En ese espacio silencioso y desolado, conviven el recuerdo, la nostalgia, la gloria y hasta la amarga frustración.
González Olascoaga reflexiona en torno a personajes como el caudillo ruralista y ultraderechista Benito Nardone, los reformistas José Batlle y Ordóñez y Luis Batlle Berres e incluso el dictador Lorenzo Latorre, que insólitamente fue reivindicado por la dictadura.
Asumiendo la emergencia de ingresar en las entrañas de nuestro pasado, el autor evoca también a algunos paradigmas culturales: Delmira Agustini, Julio Herrera y Reissig, Juana de Ibarbourou, Florencio Sánchez, Carlos Reyles, José Enrique Rodó y Pedro Figari, entre otros.
El propio autor es protagonista de la historia, al igual que ese gallego soñador empedernido, que emprendió el camino del exilio cargando en sus mochilas miles de recuerdos, luchas inconclusas, pérdidas irreparables y amargos desengaños.
El narrador desarrolla su relato en varios universos espaciales y temporales: la Galicia natal de Federico, Montevideo y el balneario la Floresta, donde veraneaba el inolvidable novelista Juan Carlos Onetti.
González Olascoaga homenajea, con explícita admiración, al descollante autor de «El pozo», que representa un fragmento crucial de la historia de la literatura nacional.
El escritor relaciona a la guerra civil española con los exilios, la diáspora uruguaya, la corrupción y el vaciamiento del país, en un periplo que evoca e invoca la lucha contra la dictadura, el plebiscito del 1980, el emblemático acto del Obelisco, el arduo parto de la restauración democrática y la impunidad institucionalizada.
La novela también se interna en los laberintos de la historia contemporánea: la guerra civil española, la tragedia de Federico García Lorca, la transición hacia una monarquía constitucional en España, los pactos políticos que sepultaron los sueños autonomistas, el recurrente baño de sangre en Oriente Medio y el derrumbe de la Unión Soviética.
Más allá de su mera estructura narrativa, esta novela reflexiona sobre la condición humana, el desarraigo, los ideales, las pérdidas afectivas, los sueños y las utopías.
González Olascoaga, que alterna en su relato fuertes referencias a su experiencia como periodista y dramaturgo, trabaja adecuadamente la metáfora, representada en ese espejo roto que sugiere las fracturas de la identidad y la memoria histórica.
(Edición de Cancillería)
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