LIBROS: Pesadilla. "La dictadura cívico-militar": cinco miradas sobre el terrorismo de Estado

Las deleznables estrategias de sometimiento del autoritarismo

En «La dictadura cívico-militar: Uruguay 1973-1985″, cinco especialistas aportan otras tantas miradas críticas sobre el fenómeno autoritario que asoló a nuestro país en el pasado reciente.

Este libro, que analiza el período más crítico de nuestra historia contemporánea, aborda aspectos poco explorados del régimen liberticida que detentó el poder absoluto durante casi doce años.

Partiendo de la premisa de que existe una abundante producción testimonial, los autores desarrollan una pesquisa que excede al mero marco cronológico de los acontecimientos.

En ese contexto, en más de un trabajo se privilegian los prolegómenos del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, en el entendido que la génesis de la dictadura reside precisamente en los años previos a la toma del poder por parte del gobierno cívico militar.

Partiendo de un afinado diagnóstico de situación, Carlos Demasi, Álvaro Rico, Jaime Yaffé, Vania Markarián y Aldo Marchesi desarrollan visiones renovadoras sobre el período estudiado.

Desde esas perspectivas, visualizan nuevos ángulos de observación en torno a la performance del sistema político en un marco fuertemente restrictivo, la política económica de la dictadura, la lógica autoritaria, la política exterior y los proyectos culturales en un contexto de fuerte censura.

El primer trabajo, cuyo autor es el docente Carlos Demasi, arroja renovada luz sobre la genealogía de la dictadura y la actuación de las fuerzas políticas en un escenario de libertades conculcadas.

Obviamente, el autor recrea los antecedentes del golpe de Estado, asumiendo la necesidad de buscar la génesis del autoritarismo en los cinco años anteriores a la efectiva consumación de la ruptura institucional.

En ese marco, resulta insoslayable recrear el gobierno de Jorge Pacheco Areco, signado por una fuerte escalada represiva, medidas prontas de seguridad, suspensión de garantías individuales, asesinatos, cárcel, torturas y censura de prensa.

Esa estrategia de análisis le permite explicar las diversas circunstancias que permitieron la irrupción de los militares en la escena política, en una institucionalidad fuertemente debilitada por la violencia política, las tensiones sociales y la crisis económica.

Si bien el año 1972 es una referencia insoslayable por el protagonismo adquirido por el aparato armado luego de la sanción de la Ley de Seguridad del Estado, los sucesos cruciales se registran realmente en 1973.

Carlos Demasi observa la actitud ambigua del sistema político ante la insubordinación castrense de febrero de ese año, que se zanjó entre Bordaberry y los mandos, en el pacto de Boiso Lanza.

El ensayista observa que la creación del Consejo de Seguridad Nacional -que fue una exigencia de los motineros- devino es una mayor injerencia de los militares en la toma de decisiones.

Con ese inconstitucional organismo en funcionamiento, las jerarquías castrenses comenzaron a tomar el control de los resortes de poder y a demandar mayores espacios de participación.

La lógica autoritaria, que ponía sobre el tapete las dicotomías orden-caos y democracia-marxismo fue legitimada, en muy buena medida, por la actitud bastante prescindente de los partidos políticos del statu quo.

No en vano el bloque conservador ­con su voto en el parlamento- había otorgado a los militares las herramientas necesarias para desarrollar un vasto operativo represivo, supuestamente destinado a derrotar a la guerrilla.

Sin embargo, esos instrumentos jurídicos fueron realmente empleados para encarcelar y torturar a trabajadores y estudiantes y someter a civiles a la justicia militar.

El análisis de los primeros tramos de la dictadura tras el golpe de Estado de junio de 1973, arroja también interesantes conclusiones en torno a la actitud de las fuerzas políticas.

De algún modo, la expresión de resistencia más visible fue la huelga general convocada por la Convención Nacional de Trabajadores, que -durante 15 heroicos días- se rebeló contra la ruptura institucional.

Demasi observa las dificultades de los partidos políticos para conformar un frente opositor, por la reticencia de las fuerzas conservadoras a coordinar acciones y estrategias con la izquierda.

De algún modo, esa ambigua actitud, quizás sin proponérselo, coadyuvó a fortalecer el alzamiento cívico militar y a abonar la lógica de confrontación contra el supuesto enemigo marxista.

En esas condiciones, el peso de la oposición recayó básicamente en el clandestino Frente Amplio, en los exiliados y en las denuncias de Wilson Ferreira Aldunate.

Como otros analistas, el autor divide a la dictadura en tres períodos: el comisarial, el fundacional y el transicional. Ellos marcan diversos momentos pautados por la más álgida fase represiva, los vanos intentos de legitimación y la salida negociada.

Obviamente, el autor no soslaya las discrepancias que condujeron a la destitución de Juan María Bordaberry en 1976 y las permanentes tensiones de una conflictiva interna militar.

En el segundo capítulo, el docente y politólogo Jaime Yaffé ensaya una visión crítica de la política económica de la dictadura, que favoreció la profundización del modelo concentrador y excluyente, a expensas de la total falta de libertades y la ilegalización de las organizaciones sindicales.

Incluyendo abundantes gráficos que pautan la evolución de la economía uruguaya durante el período, el autor marca la paradoja entre los ciclos de crecimiento y la caída de la tasa de empleo y los salarios.

Según Yaffé, la dictadura no instauró un nuevo modelo, sino que profundizó la doctrina neoliberal inaugurada por los gobiernos blancos y continuada por el pachecato.

Por su parte, el profesor universitario y politólogo Álvaro Rico analiza las diversas variables del fenómeno autoritario, desde una visión que abarca la segunda mitad de la década del sesenta, el tramo legal del gobierno de Bordaberry y la dictadura.

En ese contexto, establece diversas relaciones de causalidad, que explican las inflexiones de la escalada autoritaria desde el período de Pacheco hasta la ruptura institucional de 1973.

La docente y licenciada en Ciencias Históricas Vania Markarián pone su acento en la política exterior de la dictadura, en un contexto singularmente complejo.

En ese marco y acudiendo a los repositorios documentales disponibles, la autora indaga en la reestructura administrativa y funcional del servicio diplomático, aunque pone su mayor énfasis en el tema de los derechos humanos.

El trabajo corrobora que la estrategia internacional de ese período fue funcional al aparato represivo y de vigilancia del régimen, así como a la justificación y encubrimiento de las prácticas autoritarias.

Finalmente, el docente Aldo Marchesi elabora un ensayo destinado a examinar la política cultural de la dictadura, en cuyo marco analiza el férreo control estatal del sistema educativo, la exaltación del nacionalismo, las expresiones «patrióticas», la censura de prensa y los medios aliados a la dictadura.

Apoyados en fuentes primarias, testimonios, publicaciones de época y archivos oficiales, los autores arrojan renovada luz sobre diversos aspectos de la experiencia autoritaria.

«La dictadura cívico-militar: Uruguay 1973-1985″ es un valioso conjunto documental que coadyuva a la recuperación de la memoria histórica y convoca a reflexionar sobre los aún lacerantes dramas de nuestro pasado reciente.

(Edición de la Banda Oriental)0

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