En escena. Con los argentinos Facundo Arana y Nicolás Scarpino

Poder se puede, de Raúl Dayub, en la escena del teatro El Galpón

También y mucho antes y mucho mejor, se vio en El cruce sobre el Niágara, de Alonso Alegría.

En el cine, de Chariots of fire, a Límite vertical y muchas otras.

«Poder se puede» trata de alpinistas, uno de ellos el hosco Müller (Facundo Arana) un ex montañista muy venido a menos, que viste de harapos, mantiene la cara sucia bajo lienzos y mayormente en la sombra, de principio a fin, gruñe un español con extraño acento que debemos suponer alemán sólo por su apellido, acento que unido a distorsiones del micrófono hizo ininteligible buena parte de sus parlamentos. Debe decirse que no hay necesidad de torturar a actores y espectadores con esos acentos: al todos los días, desde nuestros escenarios noruegos de Ibsen, suecos de Strindberg o griegos de Sófocles hablan un español rioplatense, claro de dicción y comprensible. «Santiago», una buena de Yuyachkani, no alcanza su mejor momento cuando sus personajes nos hablan en quechua.

El argumento de «Poder se puede» no es menos confuso que el chapurreo del veterano Müller. Se le aparece un jovencito (Nicolás Scarpino) muy parecido a Tintín, el personaje de Hergé, que quiere volverlo a la montaña, que despierta en Müller sentimientos de culpa y frustración; al principio Müller se niega… No es necesario contar en detalle la historia que sigue: los campamentos, el viento en las alturas, la oscuridad, las pendientes de más de 45 grados, el frío, la fraternidad y los auxilios recíprocos, el congelamiento de un miembro, la caída en la grieta, las invocaciones a la montaña considerada como un ser viviente.

Con la salvedad de las dificultades de audición y de argumento antedichas, la línea principal se sigue hasta el fin y la mezcla de ideal, dolor y esfuerzo hace impacto en el espectador. La realización es tan cuidada, con buenos efectos de luces y sonido, como para que olvidemos que sólo hay un thriller, aventura y peligro, no un drama. Nada podemos decir de Facundo Arana como actor, ya que no habla un español que podamos juzgar sino en una mezcla muy monótona e inexpresiva; desde el punto de vista gestual tiene sólo dos o tres movimientos corporales (la cara no se le ve hasta que los actores se adelantan a saludar), lo que también parece forzoso, dado el estado físico y psíquico de su personaje. El joven Nicolás Scarpino parece venido de otra galaxia interpretativa: su dicción es clara, aunque su registro vocal, un tanto agudo por demás, es muy limitado, se mueve normalmente. Poder imitar se puede; ser original es un poco más difícil.

PODER SE PUEDE, de Raúl Dayub sobre una idea de Mauricio Dayub, con Facundo Arana y Nicolás Scarpino. Escenografía y vestuario de Silvia Tonel, iluminación de Roberto Traferri, música de Javier López del Carril, dirección de Marcelo Cosentino. Estreno del 5 de diciembre, teatro El Galpón.

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