Imágenes de la violencia global
Laberinto de la mirada es una de esas muestras indispensables para entender las terribles contradicciones de la sociedad contemporánea. El arte fotográfico documenta el momento decisivo de las atrocidades cometidas por el hombre contra el hombre, contra la sociedad, contra el mundo. Es una realidad conocida, padecida diariamente en las noticias de los medios, machacadas hasta la total banalización, anestesiando la capacidad reflexiva del receptor, difundida con pérfida delectación. El joven e inteligente curador de la muestra, Claudí Carreras, recuerda al genio anticipador de Guy Debord al escribir: «La cultura del espectáculo ha asumido las imágenes más escabrosas como propias, provocando un doble proceso de victimatización: el de la víctima propiamente dicha, y el que convierte el sufrimiento en un espectáculo visual. Este proceso ha ido alejando cada vez más al espectador de la realidad que se denuncia, inmunizándolo a consecuencia de esta saturación. Ante esta situación, los fotógrafos documentalistas se enfrentan a la necesidad de generar nuevos modelos de representación, capaces de destacar sus imágenes entre millones. En Fricciones y conflictos en Iberoamérica reivindicamos el papel de la fotografía documental como generadora de reflexiones sobre la realidad de nuestro entorno y planteamos un recorrido visual por los puntos más candentes de nuestra actualidad. Todos los proyectos seleccionados abordan problemáticas de violencia en el seno de la comunidad Iberoamericana, configurando así un itinerario imaginario que incide en esta realidad desde una perspectiva autoral».
Fricciones y conflictos en Iberoamérica puede resultar insoportable para muchas sensibilidades. La violencia es presentada sin maquillaje por su sola presencia brutal y descarnada, siempre intolerable aunque en muchos períodos históricos, silenciosamente tolerada. Así pasó en las dictaduras militares de América Latina, con la España franquista que recién ahora, más de medio siglo después, se comienza a ejercer el rescate de la memoria de una guerra civil fratricida y restaurar, todavía a regañadientes, la verdad y justicia de miles de desaparecidos, ese eufemismo utilizado para designar a los asesinados. Las cifras son aterradoras, las condiciones en que fueron ejecutados mujeres, niños y hombres hacen tambalear la razón y quebrar el ánimo más robusto, mientras los testigos oculares o sobrevivientes de matanzas buscan torcer la condición de impunidad prevaleciente. Fosas comunes en los territorios vascos, restos de vestimentas de los sepultados en Perú, viejos rostros de ex combatientes de la Guerra del Chaco (Bolivia/ Paraguay, 1932-35), el terror de los narcotraficantes en las favelas brasileñas (Rocinha, la mayor de Río de Janeiro), la resistencia de los Quilombolas al noreste brasileño, los sicarios de las pandillas colombianas o las naras salvadoreñas, el autolaceramiento de los presos en cárceles paraguayas, la depredación amazónica, la destrucción del paisaje urbano en las megalópolis (México, San Pablo), marcan un derrotero infernal de inhumanidad. «Mi fotografía no habla de la derrota, sino de la resistencia del hombre», escribe el mexicano Pablo López. Porque la resiliencia, esa capacidad de resurgir ante la adversidad más demoledora, es posible. Mientras otra forma de violencia social, uno de los más eficaces para someter y controlar a las comunidades urbanas es la producción de miedo y la inseguridad ciudadana, con la construcción de barrios aislados, enrejados, y la apelación a intensificar las estructuras represivas y reclamos de mayor control policial. Nada nuevo para los uruguayos, como lo pone en evidencia Ananké Assef en sus retratos de personas de la clase media y alta, armadas, cuando «el peligro está, pero no como acontecimiento, sino como hipótesis».
La muestra golpea con la implacable demostración de un silogismo. No da tregua al visitante. Y tiene la virtud de evitar la repetición o la monotonía, por el habilidoso montaje, el encuadramiento de las fotografías agrupadas en diferentes contextos, sembradas con breves e incisivas citas de los fotógrafos. Quizá el espacio es poco suficiente y el despliegue mayor lo hubiera beneficiado, pero esa concentración es, al mismo tiempo, de volcánica comunicación.
Laberinto de miradas es un proyecto expositivo y editorial de Casa América Catalunya y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y el proyecto se compone de tres partes (Identidades y fronteras en Iberoamérica, Fricciones y conflictos en Iberoamérica y Colectivos de fotografía en Iberoamérica) que viajarán durante tres años por más de veinte países de América y Europa. Para enseñarles a los hombres, como decía Goya al grabar Los desastres de la guerra, a tomar conciencia de su barbarie.
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