73ª edición de los Oscar de Hollywood

El tráfico del gladiador

Raúl Forlán Lamarque

 

Todos los caminos conducen a Roma, perdón a Hollywood y acaso Gladiador, el épico filme de Ridley Scott que cuenta con doce candidaturas, quizá sea el más laureado. Y por cierto que es el favorito más palpable a llevarse el Oscar a mejor película, aunque tendrá un oponente de fuste en Traffic, el filme de Steven Soderbergh que ha bendecido todo Hollywood.

Pocas veces ha ocurrido –en esta premiación de la Academia de Hollywood– que un realizador (Soderbergh, precisamente) haya llegado al quinteto mayor con dos títulos, ya que al de Traffic hay que sumar esa historia de corte humanista, basada en un hecho real, para lucimiento personal de Julia Roberts en su esforzado rol de Erin Brockovich en el filme homónimo. ¿Qué puede ocurrir? Steven Soderbergh podría ser canonizado por la Academia (y de hecho ya lo está cuando la Academia decidió colocar dos de sus títulos en el rubro principal) si le premian Traffic y la Roberts –lo más factible– se alce con la estatuilla en la categoría a mejor actriz, aunque tendrá que lidiar fuertemente con performances mucho más convincente, como los casos de Julitte Binoche (Chocolate). Otra rival de fuste sería Joan Allen, cuya ascendente y formidable trayectoria actoral estaría mereciendo un Oscar, en esta ocasión por The contender. Aunque evidentemente la Roberts lleva todas las de ganar: hay unanimidad en que su labor en Erin Brockovich es la más redonda y conmovedora de toda su peripecia artística. Tampoco puede descartarse a Ellen Burstyn.

Lo cierto es que Soderbergh llega a la recta final dividiendo honores con el refinado Ridley Scott. Si Traffic es vencida por el paso del Gladiador (a todos les gusta ver «una de romanos», como dice la canción de Joaquín Sabina), tal vez finalmente Soderbergh pueda obtener su estatuilla a mejor dirección.

Claro que hay otros realizadores que van a competir con producciones importantes en la citada categoría: Ang Lee (El tigre y el dragón), el agudo y meticuloso Stephen Daldry (por la pequeña grandeza de Billy Elliot) y el propio Ridley Scott, quien después de elaborar filmes brillantes como Los duelistas o Blade runner o incluso Alien, quiere embolsar todas las estatuillas que sean posibles.

Ang Lee, en ese contexto, fundó un título que lo regresó a sus propias raíces y con ello sorprendió a más de uno, ya que El tigre y el dragón posee una fascinación que deriva del desarrollo de la historia, de las ambientaciones y elección de locaciones, de los vestuarios seleccionados, del propio rendimiento actoral. Puede ser una sorpresa, y de seguro que se lleva alguna estatuilla. Algo que parece más difícil en un filme previsible como Chocolate, pese al prestigio auténticamente ganado por Lasse Hällström, nominado la edición anterior por la excelente Las reglas del juego. Y en el periplo, pues, reaparece Steven Soderbergh con Erin Brockovich: ¿lo logrará entonces el joven maravilla ahora bendecido por Hollywood?

Russell Crowe, en las especulaciones previas, es el claro favorito en la categoría a mejor actor por su protagónito en Gladiador. Es un actor versátil, de gran temperamento que encajó a la perfección en el sistema de Hollywood y con filmes que no son para nada fórmula. Se lo merecería, pero habrá que entender que Tom Hanks está espléndido en Náufrago (y aunque ya ganó en más de una ocasión la estatuilla, no puede dejárselo de lado). En cambio, Geoffrey Rush saca adelante a pura estridencia su personaje del Marqués de Sade en Letras prohibidas, y estaría en un escalón menor.

Nada se puede adelantar de los otros candidatos, cuyos títulos no han sido estrenados aún por aquí: todos le han colocado adjetivos superlativos al protagónico del español Javier Bardem (interpreta nada menos que al escritor cubano Reynaldo Arenas, homosexual perseguido y quien murió de sida) en la adaptación cinematográfica de Antes que anochezca a cargo de Julian Schnabel. Dicen que Ed Harris está fuera de serie en el abordaje biográfico del artista plástico Jackson Pollock precisamente en Pollock. Es otro de los grandes actores estadounidenses largamente postergados, y bien que podría llevarse el Oscar.

De los actores y actrices de reparto, pues, la competencia va a ser también tremenda: en el rubro masculino, todos los ases estarían jugados al policía que compone en una extraordinaria performance Benicio del Toro en Traffic.

Solamente Joaquim Phoenix, por su estupendo diseño del emperador en Gladiador, podría arrebatarle el Oscar. Aunque nunca se puede descartar al venerable Albert Finney, de notable solvencia en Erin Brockovich. También está nominado Willem Dafoe por La sombra del vampiro: es uno de los actores norteamericanos más trascendentes de las últimas décadas.

Frances Mc Dormand podría obtener la estatuilla a mejor actriz de reparto: su labor como madre protectora en Casi famosos es realmente regocijante. Pero en la misma línea cualitativa, aunque con otro personaje, habría que situar a Judi Dench (Chocolate). A Kate Hudson no se lo darán, pero si hubiese una medida de riesgo también se lo merecería por su groupie en Casi famosos. Cuenta regresiva para el Oscar: todo puede ocurrir, hasta la mayor sorpresa en este enorme y lujoso supermercado del cine.

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