TE RECUERDO VICTOR
Te recuerdo, Víctor, la calle mojada, La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, Son cinco minutos. La vida es eterna en cinco minutos. Suena la sirena. Él, que partió a la sierra, que nunca hizo daño y en cinco minutos quedó destrozado. Suena la sirena, de vuelta al trabajo.
Entre el 11 y el 16 de setiembre de 1973, la muerte se apoderó de su cuerpo. Músico, cantor, poeta, teatrero, escribió un manifiesto que, como náufrago, escondió dentro de una botella para que otros náufragos lo recogieran en el mar de la memoria.
Santiago, 1973. El estadio convertido en campo de concentración. En él, miles de personas encerradas y acordonadas por fusiles con bayonetas caladas y metralletas en manos de militares golpistas. Entre los prisioneros estaba Víctor, que comenzó a cantar el himno de la Unidad Popular. Un carcelero lo reconoció, le gritó que callara, Jara siguió cantando y a su voz se unieron otras miles.
Lo fueron a buscar, lo bajaron de la tribuna a golpes de culata. No volvió. Le cortaron sus manos para que no empuñara su guitarra, luego llenaron su cuerpo con plomo.
A 36 años de su asesinato, sus palabras nos convocan: «Los que comercian con el espíritu, los que claudican con su canto, los negociantes, los tragamonedas, sean baladistas, roqueros o pop, nunca comprenderán que el canto es como el agua que limpia las piedras. No hacemos negocio con la canción popular. Denunciamos las lacras que hacen al ser humano indigno».
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