Ojo con las negaciones
Ocurre con harta frecuencia que, teniendo el propósito de expresar una determinada idea, por alguna travesura del duende del lenguaje terminamos expresando exactamente la idea contraria.
Sin ir más lejos, cuántas veces hemos oído a alguien decir: «Vamos a seguir tocando hasta que las velas ardan», queriendo decir, en realidad, que seguirán tocando mientras las velas ardan, es decir mientras estén encendidas o hasta que se apaguen (hasta que dejen de arder, hasta que no ardan); si tal es la idea que nos proponemos expresar, hay que decir: «Vamos a tocar hasta que las velas no ardan».
Hace pocos días, uno de los especialistas en encuestas quiso decir que la fórmula nacionalista estaba rezagada en intención de voto y que un hipotético triunfo del doctor Lacalle sólo podría darse si ocurría algo extraordinario; por tanto, si no pasaba nada raro, la victoria sería de Mujica. Sin embargo, agotado tal vez por el intenso trabajo que ha tenido durante los últimos meses, dijo textualmente: «Mujica y Astori sólo pueden perder si no pasa nada raro», con lo cual expresó exactamente la idea contraria.
En una columna publicada hace un tiempo, ya me había referido a estas pequeñas trampitas del lenguaje y de nuestras neuronas. Por ejemplo, un enunciado bastante corriente como éste: ‘Descartó que no hubiera conflictos’ no se puede interpretar como que no hubo conflictos sino exactamente lo contrario; lo descartado es la inexistencia de conflictos, por lo tanto hubo conflictos.
Ya que estamos con negaciones, yo le pido que no me niegue una grapita más.
¡Qué lo parió!
Compartí tu opinión con toda la comunidad