"HACE MUCHO QUE TE QUIERO": LA AGOBIANTE PESADILLA DE LA CULPA
De algún modo, las tendencias expulsivas de las comunidades contemporáneas suponen una seria cortapisa al pleno ejercicio de la libertad individual, que suele devenir en frecuentes situaciones de reincidencia.
Si bien se trata de un problema complejo que atañe a la seguridad, esas manifestaciones de segregación para nada coadyuvan a la profilaxis del delito y hasta motivan el regreso del infractor a un medio que lo condiciona en sus posibilidades de rehabilitación.
Pese al trabajo de los patronatos, el tema de los excarcelados sigue siendo traumático, particularmente en los países periféricos, donde la violencia está intrínsecamente relacionada con la pobreza, la miseria y la exclusión.
Sin embargo, esta no es una llaga exclusiva de nuestra realidad cotidiana, en tanto también impacta a las sociedades desarrolladas, donde se aprecian síntomas de rechazo a quienes han saldado sus cuentas con la Justicia y aspiran legítimamente a ser readmitidos como miembros plenos del colectivo.
En «Hace tiempo que te quiero» el debutante realizador y escritor francés Philippe Claudel reflexiona sobre la compleja inserción familiar y social de una mujer que ha permanecido presa durante quince años por un grave delito.
El filme, protagonizado por la excepcional Kristin Scott Thomas (Juliette) que cosechó un premio en el Festival de Berlín plantea el problema en toda su dimensión dramática.
Aquí, la clave es la conflictiva relación de la protagonista con una hermana varios años menor, que conserva sólo vagos recuerdos de un pasado virtualmente obturado por las circunstancias.
Los padres de ambas uno de ellos fallecido y el otro internado en un psiquiátrico fueron los arquitectos de la fractura, a consecuencia del homicidio cometido por la atribulada Juliette.
La narración, que está ambientada en la ciudad de Nancy y discurre por los territorios del dolor y el silencio, se estaciona en el mundo interior de estos seres agobiados por la causalidad de un destino implacable.
No obstante, esa frecuente ausencia de palabras tiene la intensa elocuencia de lo amargamente disociado por la prolongada distancia, la incomunicación y la indiferencia.
La cámara captura esas inflexiones emocionales de la protagonista, que, pese a haber recuperado la libertad ambulatoria, aún permanece recluida en su interior universo de tribulaciones y culpas jamás confesadas.
Los encuadres en primer plano del rostro de Juliette configuran registros de intenso acento testimonial, que trasuntan la extrema «desnudez» de la soledad y la intemperie afectiva.
El realizador construye un permanente juego de rechazos, que se expresa no sólo en el ámbito familiar por la reticencia del esposo de la hermana a aceptar a la «intrusa» en su casa, sino también en el social, cuando la mujer es reiteradamente segregada por los potenciales empleadores.
Empero, esas colisiones circulan en ambos sentidos. La secuencia en la cual la adusta Juliette mantiene una relación sexual ocasional pero totalmente insatisfactoria, resulta singularmente contundente.
Incluso, su fluido diálogo con el amable policía tutor que insinúa un futuro vínculo bastante más trascendente, comporta una nueva frustración en esa obsesiva búsqueda de resurrección.
El relato privilegia la problemática relación entre ambas hermanas, en una práctica que es una suerte de cirugía destinada a zurcir afectos terriblemente desgarrados y promover un reencuentro impostergable.
Philippe Claudel juega con la temporalidad, procurando reconstruir el pasado, los lazos aniquilados por la incomprensión y restañar las heridas provocadas por una culpa inexpurgable.
Más allá de un epílogo algo complaciente, «Hace mucho que te quiero» es un filme frontal y desgarrador, que reflexiona sobre la libertad, la culpa, la crisis de los afectos y la redención.
Las inmensas actuaciones protagónicas de Kristin Scott Thomas y Elsa Zylberstein trasuntan toda la tensión de un drama profundamente humano, que realmente mueve y conmueve.
Hace mucho que te quiero. Francia 2008. Dirección y Guión: Philippe Claudel. Música: Jean Louis Aubert. Fotografía: Jérome Alméras. Reparto: Kristin Scott Thomas, Elsa Zylberstein, Serge Hazanavicius, Laurent Grévill, Frédéric Pierrot, Claire Johnston, Catherine Hosmalin, Jean-Claude Arnaud y Olivier Cruveiller.
Compartí tu opinión con toda la comunidad