Del tiempo y la ciudad
Se trata aquí de descubrir y recuperar a un cineasta de primer nivel, prácticamente ignorado por la distribución comercial.
Al espectador uruguayo, el nombre de Davies puede sonarle porque vio, hace casi veinte años y a través de un estreno de la Cinemateca, su filme «Voces distantes» (1988), por alguna otra exhibición en algún festival, y porque de vez en cuando el cable exhibe «La casa de la alegría» (2000), un melodrama de época protagonizado por Gillian Anderson, la agente Dana Sculy de «Los archivos X». Sin embargo, Davies es para el aficionado local, mayoritariamente, un desconocido, y esta puede ser una buena oportunidad de terminar con ese desconocimiento.
Porque Davies es realmente uno de los cineastas más singulares e innovadores del cine europeo, autor de una obra muy personal y evocadora, pionera en la búsqueda de nuevos lenguajes entre la ficción, la autobiografía y el documental, con un especial protagonismo de la música.
Cuando tras un silencio cinematográfico de casi ocho años, Davies presentó en Cannes 2008 su nuevo filme, «Del tiempo y la ciudad», ese trabajo fue recibido por la crítica internacional como una de las propuestas más inspiradas y emocionantes del cine reciente. Derek Malcolm, de The Evening Standard, afirmó que se trataba de «un pequeño hito en la llegada del cine británico a su plena madurez», mientras que Nigel Andrews de The Financial Times la definía como «la mejor película británica en años y tal vez la mejor película autobiográfica de todos los tiempos», y el veterano David Robinson, de The Times, añadía que «si Terence Davies nunca llega a hacer otra película, esta le aseguraría un puesto fijo en la historia del arte inglés al lado de Lowry o Lawrence».
Seis largometrajes realizados entre 1984 y 2008, el primero de ellos compuesto por tres cortometrajes previos, dan una idea de la minuciosidad y la dedicación con que Terence Davies elabora cada una de sus obras.
Los encuadres, los movimientos de cámara, las muy escogidas y significativas músicas y el inusual trabajo con los actores protagonizan su narrativa, revisando la memoria de la sociedad desde las emociones personales y rescatando la historia desde un punto de vista opuesto a los grandes acontecimientos oficiales, con un discurso tan lírico como contundente.
El paso del tiempo, la religión, la homosexualidad y las relaciones familiares son también algunos de los temas habituales en el cine de Terence Davies.
La música extraída de la memoria colectiva tiene igualmente una importancia primordial en su cine. Desde temas de música clásica a canciones de Nat King Cole, Peggy Lee o Doris Day, Davies logra una relación entre la imagen y el sonido pocas veces alcanzada, y se adelanta a los logros posteriores en ese terreno de cineastas tan distintos como Quentin Tarantino o Wong Kar Wai.
Director, guionista de todas sus películas y ocasionalmente novelista y actor, Davies nació en 1945 en Liverpool, Inglaterra. Pertenece a una familia católica de clase trabajadora y es el más joven de diez hijos. Coetáneo de directores como Derek Jarman, Peter Greenaway y Sally Potter, inició su trayectoria al abrigo del British Film Institute, con un primer cortometraje en el que ya incluía rasgos autobiográficos, «Niños»(1976).
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