Dramaturgo. "El autor quizás quiere asustarnos, pero no vemos impulsos criminales"

Fuga de ángeles, en la escena de la Vieja Farmacia Solís

No basta invocar la música (a la que hay que llamar «ambientación sonora») y un coro ineficaz que va de aquí para allá mientras repite frases que dicen en la escena aquellos que deberíamos considerar protagonistas.

Lo de «protagonistas» es una suposición, porque la trama, si se puede decir que hay una, es más confusa que tétrica, sin sentido teatral alguno; en cuanto al «coro», no entendemos cuál es su función, salvo la de atiborrar la escena con más y más actores que nada representan. Apenas llegamos a distinguir personajes, que muestren alguna característica permanente, que protagonicen alguna acción que podamos seguir de una escena a otra.

«Fuga de ángeles» es una reducción al absurdo del penúltimo teatro argentino, en particular de las obras de Spregelburd y el primer Daulte, que por lo menos muestran, a veces, un don combinatorio y un poder de síntesis para ensamblar varias acciones independientes que no todo el mundo puede exhibir («La estupidez» de Spregelburd; «Criminal» de Daulte). Se ha tomado de la levedad de los argentinos sólo su superficie, la agilidad de sus planteos devino pura improvisación (que ahora se llama «dramaturgia del actor»), ciertos repiques del lenguaje son encontrados aquí como molestas repeticiones. Anotamos que Sanguinetti parece plagiarse a sí mismo, cuando un personaje dice a otro, amenazadoramente, «¿Qué pasa si te mato? ¿qué pasa si te mato?» lo que trae a la memoria la infausta insistencia del personaje de Bolani en «Ararat», del mismo Sanguinetti, «¡Dame una razón para que no te mate! ¡Dame una razón para que no te mate!». El autor quizás quiere asustarnos, pero no vemos impulsos criminales; quizás quiere golpear con la escena de sexo entre hombres que aparece, para nosotros, sin mayor razón de ser y donde ninguno de los dos actores parece convencido de lo que hace o deja hacer. No diríamos lo mismo de la escena de sexo masculino de «Broke back mountain» o la de «El beso de la mujer araña», puesta en escena de Chela de Ferrari (Perú, en el festival de Cádiz). En «Fuga de ángeles» el sexo es liviano: como la obra, no tiene carnalidad, pero tampoco tiene espiritualidad. Hasta los ilusorios ángeles han desertado.

 

FUGA DE ANGELES, de Santiago Sanguinetti, con Manuel Carballo, Mauricio Chiessa, Valeria Fontán, Luis Musetti, Rodrigo Peluffo, Bruno Pereyra, Carlos Schulkin, Susana Souto, Analía Torres y Germán Wainberg. Coreografía y asesoramiento corporal de Martín Inthamoussú, vestuario de Inés Berdaguer y Virginia Sosa, escenografía de Fernando Scorsella, ambientación sonora de Leticia Vidal, Julia Nudelman y Sofía Scheps, dirección general de Luciana Lagisquet y Santiago Sanguinetti. En Vieja Farmacia Solís.

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