Rompé, Roland, rompé. El director estadounidense Roland Emmerich destruye todo

"2012": el fin de los tiempos según el calendario de los mayas

De todas maneras y a pesar de lo señalado, no estaría de más ir repasando estos espejitos de colores que nos venden como la octava maravilla cuando otras realizaciones de ínfimo presupuesto también logran un impacto incluso en el terreno de la digitalización criolla. Tal sería el caso ­y lo ejemplificamos a modo de comparación­ del clip «Ataque de pánico» realizado por Federico Alvarez como telón de fondo para el grupo «Snake» al que puede accederse en Youtube donde ya tiene más de 23.000 visitas. Emulando una invasión alienígena en Montevideo (donde el Palacio Salvo y la Intendencia, entre otros edificios referentes, caen hechos pedazos) y luego de un paciente trabajo que le demandó un par de años, Alvarez ha logrado un resultado increíble. (Tan es así que la propia Meca del Cine lo ha convocado para trabajar entre sus filas).

Dicho esto, retornamos a la relación analógica donde ­después de todo­ no hay que dejarse impresionar por los fuegos artificiales FX como si resultaran una tecnología inaccesible ya que, como vemos, la creatividad uruguaya emparda la propuesta sin mayores problemas.

Cabe señalar el tema porque esta mega-super-producción «2012» de Emmerich se juega el todo por el todo a la parafernalia tecnocrática para ilustrar el fin del mundo a través de una historia que lleva sus extensas dos horas y media de proyección integrando los estereotipos más trillados de la pantalla.

Por un lado tenemos la base argumental del calendario maya que, obviamente es utilizado como pretexto para otorgar una relativa «credibilidad histórico-astronómica» al suceso. En realidad, existían tres calendarios (uno de carácter religioso, otro para el «uso civil» y el último, denominado «Serie inicial») que corroboran un «valor máximo» ¿final? que se alcanzaría «en torno al 23 de diciembre del año 2012″, fecha en que se produciría una atípica alineación astronómica en nuestro sistema solar. Lo de atípico viene al caso porque dicha alineación se produce una vez cada miles de años, pero esto no significa que, por esa rotación paralela, se vaya a terminar la vida en el planeta. Al igual que, cada tantos años, aparece el cometa Halley o se produce un eclipse, esta relación del astro rey con los planetas es otro «fenómeno» que los astrónomos podrán ver y comentar sin mayores consecuencias. Pero el filón era demasiado jugoso como para que Hollywodland lo dejara pasar, por lo que enhebra -entonces- una hiper-historieta catastrófica donde algunos científicos detectan pistas en la corteza terrestre que dan cuenta del futuro desastre y luego de dudas e incredulidades, los gobiernos del mundo se preparan para afrontar el cimbronazo.

Como no podía ser de otra manera, aparece el típico héroe doméstico (John Cusack) que lucha contra viento y marea para salvar a sus hijos de la hecatombe mientras ciudades enteras se vienen abajo como castillos de naipes.

Es cierto, las imágenes de la Capilla Sixtina o la ciudad de Los Angeles, convertidas en cenizas, generan cierta impresión. Pero luego de un buen tramo, donde no faltan discursos grandilocuentes sobre la bondad de la naturaleza humana y la solidaridad ­a pesar de un ticket de salvataje que sale mil millones de euros por cabeza­ el acontecimiento empieza a fatigar un poco hasta llegar a un punto máximo de saturación con una segunda vuelta de tuerca, que propone un desastre interno, alargando el desenlace un poco más. Los clisés no se terminan aquí ya que también se sugieren retornos «mitológicos» a la Madre Africa mientras modernas arcas del Siglo XXI transportan un crisol de razas.

Por supuesto que también mueren algunos buenos y varios «villanos» pero la especie perdura como para que, a pesar de todo, la platea quede contenta y no deje de soñar. Preferimos el clip de Alvarez que, además, dura sólo cuatro minutos.

 

2012 (Estados Unidos; 2009). Dirigida por Roland Emmerich. Guión: Roland Emerich y Harald Kloser. Fotografía: Dean Semler. Edición: David Brenner y Peter S. Elliot. Música: Harald Kloser y Thomas Wanker. Con John Cusack, Amanda Peet, Chiwetel Ejiofor, Thandie Newton, Oliver Platt, Woody Harrelson, Danny Glover, Liam James y Morgan Lily.

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