Avance. El cineasta manchego ataca de nuevo

Los abrazos rotos, otro laberinto de pasiones de Pedro Almodóvar

En realidad, toda la filmografía de Almodóvar acusa ese referente vivencial que ha caracterizado su estilo. Podría decirse que «Los abrazos rotos», el decimoctavo largometraje del realizador, reitera todo ese particular mundo que ya aparecía en títulos como «Atame», «La ley del deseo» o «La flor de mi secreto». En esta oportunidad, la anécdota retoma un argumento propio de cualquier culebrón, a saber: mujer hermosa ­casada por necesidad con millonario­ que quiere ser actriz y termina enamorándose de su director cinematográfico, desencadena un drama pasional.

Esta paráfrasis a modo de telegrama resume muy acotadamente una anécdota que Almodóvar ilustra con guiñadas cinéfilas (el rodaje de un filme dentro de la película) y otros detalles que van rearmando un sutil rompecabezas mediante la técnica del «flashback». Obviamente, esos detalles enriquecen una puesta en escena que, según el propio cineasta, intenta ser una «declaración de amor al cine» y, a la hora de narrar en imágenes, muestran a un verdadero esteta de la pantalla grande. Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de esa notoria capacidad guionística/directriz que Almodóvar posee (un maestro que ya no le tiene que demostrar nada a nadie), el filme quizá se estira demasiado en sus ciento veinticinco minutos de duración, con altibajos y desfasajes que terminan desmereciendo el armado total de la obra.

Con algún tono buñuelesco (el guionista ciego) y alguna que otra pincelada esperpéntica (el hijo homosexual del millonario, en su etapa adolescente), «Los abrazos rotos» va y viene a bordo de una anécdota que logra picos desopilantes (la investigación que el millonario lleva a cabo sobre el posible adulterio) pero que hace agua cuando pretende una hibridación folletinesco ­ realista que en otras realizaciones, como «Volver», se resolvían magistralmente. No es éste el caso, lamentablemente, lo que puede hacer que la obra quede dentro de una categoría de ambición suprema, con meritorias pretensiones, aunque fallida en su conjunto. De todas maneras, hay tela para cortar y, por momentos, el impiadoso gracejo del realizador logra conjurar climas bizarros con el cine negro y la tragedia sin que le tiemble el pulso. No será lo mejor del cineasta manchego pero bastan algunos momentos sublimes (sobre todo con el cine dentro del cine, en donde se autoparodia) como para dar cuenta de los puntos que calza. Los incondicionales de Almodóvar estarán de parabienes. Aquellos que no militan en su club de fans pueden salir de la sala con ciertos reparos. La cuestión es arriesgarse. Los abrazos rotos. (España, 2009). Escrita y dirigida por Pedro Almodóvar. Producción: Agustín Almodóvar, Esther García Rodríguez y Antxón Gómez. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Rodrigo Prieto. Edición: José Salcedo. Vestuario: Sonia Grande. Con Penélope Cruz, Luis Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez, Ruben Ochandiano, Angela Molina, Tamar Novas, Chus Lampreave, Kiti Manver, Lola Dueñas, Mariola Fuentes, Ciarmen Machi, Rossy de Palma y Alejo Sauras.

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