La Segunda Guerra Mundial según QuentinTarantino
Pero esto no es todo. «Bastardos sin gloria» es un homenaje cinéfilo al spaghetti western, a la obra de Enzo Castellari (especialmente la película «Aquel maldito tren blindado» de 1977, en la cual un grupo de fugitivos condenados a muerte se ve obligado a tomar por asalto una locomotora nazi), que también recicla ciertos clisés desarrollados por el cine norteamericano a partir del mencionado conflicto.
Con algo de «Doce del patíbulo» y un cuidadoso manejo de diálogos y personajes, el largometraje formaliza una historia sobre un grupo de soldados judíos que extermina a cualquier miembro del ejército alemán por medios poco ortodoxos.
En el corazón de la anécdota, este comando especial entrecruza destinos, en el especial ámbito de un cine parisino, con una mujer que desea vengar la matanza de su familia, generando un producto que fusiona las tensiones propias de un thriller con los enredos de la comedia y algún que otro disparate tarantinesco. Estos dislates incluyen la proyección de una película en la cual los malos son los aliados y Hitler, mascando chicle, ríe a carcajadas cada vez que «bajan» al enemigo mientras Brad Pitt intenta pasar por italiano hablando una suerte de cocoliche yankee impagable.
En otros momentos, «Bastardos sin gloria» logra secuencias de un voltaje en crescendo típico de «Tiempos violentos» (sobre todo en el inicio) para pasar a escenas que casi parecen extractadas de un gag de los hermanos Marx.
En medio de todo este delirio, hay lugar para el suspenso, para impactantes momentos de acción y hasta para la recreación de perfiles formidables como el del coronel germano Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz, una mezcla inefable de Maquiavelo y Columbo que el público sabrá paladear con especial deleite.
Cabe señalar además que esa platea no se va a encontrar con un producto que apela a la violencia permanente como estrategia sino que, por el contrario, maneja un esmeradísimo equilibrio en el cual las tensiones del caso surgen antes en el manejo de una escena dialogada que en la propia explosión mortal del acontecimiento. Para lograr este efecto perturbador donde clímax y anticlímax se superponen a modo de ciclo errático hay que tener más talento y pulso narrativo que oficio. Por suerte, Tarantino tiene todas esas cosas y logra una vez más un producto especial en el cual el cine juega con el cine (no debemos olvidar que buena parte del relato se construye en el contexto de una sala cinematográfica), reinventa sucesos históricos y termina armando una ensalada bélica folletinesca que no tiene desperdicio.
Los admiradores de Tarantino van a estar de parabienes pero sería bueno que la propuesta convocara tanto a incondicionales como al público en general. También es una lección de cómo contar una historia en pantalla por más alocada que sea. Vale.
Bastardos sin gloria. (Inglourious bastards; Estados Unidos, 2009). Escrita y dirigida por Quentin Tarantino. Producida por Lawrence Bender. Director de fotografía: Robert Richardson. Edición: Rally Menke. Con Brad Pitt, Christoph Waltz, Michael Fassbender, Elin Roth, Diane Kruger, Til Schweiger y Mélanie Laurent.
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