Un Loquillo suelto en Uruguay
Hablar de Loquillo es referirse a una verdadera leyenda del rock español. Desde sus inicios en los 80 con Teddy Loquillo y sus amigos, pasando por su consagración con los Trogloditas, hasta su actual camino solista, el cantante ha ido consolidando una carrera que ha dejado huella en su país natal gracias a placas como «El ritmo del garage» (1983), «Mis problemas con las mujeres» (1987), «Morir en primavera» (1988) y «Balmoral».
El artista, polémico e inquieto, ha sabido abrirse a influencias de otros géneros como el jazz y el country, e incluso ha lanzado álbumes de poesía musicalizada («La vida por delante» de 1994 y «Con elegancia» de 1998).
Este año la ex promesa del básquetbol español editó en nuestro país «Rock & roll star» (Bizarro), un álbum doble que compila cuarenta de sus temas más destacados y se presentará hoy en La Trastienda.
¿Qué lo llevó a lanzar su disco a través de un sello uruguayo?
Era una cuenta pendiente. Nuestros seguidores en Uruguay son numerosos y creo que han mantenido una resistencia atroz frente al paso del tiempo. Por otro lado, está el hecho de hacerlo por una compañía nacional, huyendo de las multinacionales, dando a entender que hay que apoyar a la industria del país, que es la que se gasta los duros con los grupos locales. Es un disco que, en primer lugar, apunta a que los seguidores de siempre puedan por fin tener un material propio para escuchar y, encima, editado en su país. En segundo lugar, busca que la nueva generación conozca todo el trabajo que he hecho. Creo que las escuelas son importantes, el disco aquí tiene mucho sentido.
¿Qué parámetros siguió para elegir los temas?
He mantenido el criterio de las canciones que soportan el paso del tiempo, en el sentido que hay temas que tú cantas con 20 años y que, evidentemente, ya no te crees. En cambio, hay canciones que puedes cantar durante años pero siguen manteniendo la filosofía del personaje. Esas son las que he elegido: no he optado por lo inmediato, sino por lo que perdura.
La placa tiene un toque uruguayo con las versiones de «Mincho Bar» de Buitres y «Transgresiones», el poema de Mario Benedetti.
Creo que era un detalle: devolver el gesto de Buitres grabando una canción suya para que se escuche en España, lo mismo que hicieron ellos (con «Cadillac solitario»). Es el tema que más me gusta de Buitres y tiene una frase maravillosa que es «el lado oscuro de este mar»; es muy bonita y evocadora. Por otro lado, tengo editados discos de poetas y me parecía lo más justo usar el de Benedetti. Esa canción es un alegato a la individualidad y a la libertad. Tenía que estar.
¿Qué sensaciones le genera el recital en La Trastienda?
Será un momento mágico, sin dudas. Hemos pasado décadas sin venir. La primera vez que estuvimos (en la Fiesta X) se nos cayó el cielo encima y la segunda (en el Ancel Fest) tocamos cincuenta minutos. Esta será la primera vez que la gente nos va a ver dos horas y van a pasar tres décadas sobre el escenario. Eso será cumplir con la historia, con algo que tendríamos que haber hecho mucho antes.
¿Tiene cábalas para antes de entrar en escena?
Siempre hay un nerviosismo. Tengo unas pautas antes de un concierto: no hablo con nadie y no quiero que nadie me moleste media hora antes. Me quedo en el camerino y si entra alguien le tiro una botella por la cabeza. Es el momento en el que estás tú solo, es un gran momento. No es para concentrarse, sino para ponerse más nervioso. Para salir con una especie de adrenalina y protección al escenario. Después, cuando estás ahí, eso se termina.
Usted tiene claro que es muy querido en Uruguay.
Hay muchos grandes seguidores, es toda una generación de uruguayos. Eso se nota cuando hablo con la gente. Te quedas asombrado, es admirable. Para mí es tremendo lo que me cuentan muchas personas sobre qué sintieron cuando eran jóvenes con mis canciones. Es muy fuerte.
También usted ha halagado el conocimiento que posee el público uruguayo sobre el rock.
Lo que ocurre es que aquí el rock es una cultura. En España es un entretenimiento, han conseguido eso. Se ha barrido al rock de las radios y la televisión. Es una censura que parece que no se nota, pero que poco a poco va calando. España va hacia un pensamiento único: la cultura del entretenimiento. Hay muchos medios que están acaparando la música y condicionando qué se tiene que escuchar. Afortunadamente existe la red, que es una buena forma de defenderse.
¿Qué representa el rock para usted?
Para mí el rock es la escuela de la vida. Gracias al rock and roll pude sentirme alguien, pertenecer a algo. Me ha llevado a tener una conciencia de individualidad. Yo soy hijo de un republicano exiliado, y el rock me dio coraje, porque vengo de una familia de perdedores. Además, a través del rock empecé a ganarme la vida.
A esta altura de su carrera, ¿cómo se autodefiniría?
Siempre me he sentido un poco Frankenstein: estoy hecho a trozos. Mi familia proviene de lugares distintos. Soy nieto de inmigrantes, y musicalmente lo mismo, desde el primerizo rock and roll anglosajón, el rock español de los 60, la canción de autor francesa, los artistas con compromiso político. Todo eso ha formado al monstruo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad