Teresa Trujillo escribe sobre danza "off off" en Nueva York

Dance in America

En USA, en New York, en la «big apple», en «downtown», off-off, en una vieja iglesia de 1795 la St. Mark’s in the Bouwerie que albergaba vagabundos en los años 60, hoy convertida en un gran proyecto llamado Danspace Proyect asistí a ver danza contemporánea.

Despojada de sus bancos y sus altares, con un piso de madera muy cómodo era ese el espacio para las bailarinas. Un lugar muy parecido a lo que hoy es el Teatro Victoria. A su alrededor gradas enmoquetadas en 3 niveles. En este espectáculo que voy a comentar el público estaba invitado a circular con prudencia durante la obra.

Algunos lo hacían durante el espectáculo, otros apenas cambiaban de ángulo, inclinándose de una u otra manera o simplemente poniéndose de pie, o volviéndose a sentar. Cuestión de gusto y de temperamento. Nadie molestaba a nadie. Circular era la propuesta: «Si querés, movete».

En el centro del escenario, atravesando uno de los ejes habían 6 esculturas de madera color natural, de formas rectangulares, de tamaños diferentes y con lindos espacios entre ellas.

En escena 6 bailarinas 6 con hermosos cuerpos y excelente técnica, interpretaban una impecable coreografía sin alma.

Auto-Publik era una coreografía instalación, inspirada en el escritor Jodediah Purdy y en el poeta Robert Frost. Exploraba la relación entre el espacio privado y el público y la relación individual de ese entorno.

Mark Jarecke es un joven coreógrafo graduado en la Universidad de Nebraska en las cátedras de filosofía y danza, se presenta en estos proyectos desde 1998 y sus obras se han visto internacionalmente. Probó en esta coreografía lo que se puede decir en danza cuando se reúne con un equipo talentoso como la arquitecta Illya Azaroff, responsable de la instalación; como Iara Lee responsable del filme en donde se explora el mundo de la arquitectura contemporánea, como la música electrónica, el cine y la coreografía; como el iluminador Michael Gottlieb, el músico Tetsu Inoue y las bailarinas todas graduadas en diferentes universidades del país.

Auto-Publik es una coreografía inteligente, bien armada, de secuencias muy sencillas, de movimientos claros, de idas y venidas de las bailarinas, de cruces de calles, de vueltas atrás, de recomienzos y de repeticiones.

Una propuesta seria muy coherente con el planteo del autor: individuo-espacio, individuo los otros, e individuo los otros y los espacios. Del devenir de las relaciones: «adonde voy, vamos», «adonde vuelvo, volvemos»… y del tiempo. Ese tiempo pulsante que nos hace sentir vivos en un mundo convulsionado de hoy. Era muy clara la premisa del contacto con ese espacio, con ese tiempo, dos ejes ineludibles de la danza universal.

El filme estaba presente en los cuerpos de los volúmenes y de las bailarinas, corriendo una suerte de magia a dúo, revalorizando la puesta en las tantas situaciones que se sucedían entre ese contacto cuerpo a cuerpo. Bailaban los cuerpos, unos y otros, los cuerpos de las ideas, de los tiempos y de los espacios.

La música corría también con esos tiempos, u otros y tantos otros mundos arquitectónicos que uno subjetivamente podía asociarlos a su manera. Bailaban, todos bailaban y esto era lo espectacular: el arte de la danza como una mezcla extraña de creadores que no se puede explicar fácilmente. Fue la participación de un conjunto de artistas en un mismo tono.

Interesante propuesta donde nadie molestaba a nadie, como en la platea, nadie anulaba al otro, todos se enriquecían superponiéndose o aislándose en sus interpretaciones.

Aprecié, entonces, esta sencilla y a la vez compleja coreografía de Jarecke, como la ciudad en la cual estaba presente. Nueva York es fácil de recorrer, calles y avenidas como crucigrama pero muy compleja de vivir. A una velocidad vertiginosa uno puede estar viviendo varias situaciones a la vez. Los sonidos son múltiples y se superponen en cualquier espacio que uno se encuentre.

Verdaderas coreografías callejeras creadas por la misma dinámica de la ciudad. El silencio no se escucha. El tráfico es permanente en cualquier calle, tráfico de camiones levantando o depositando mercadería. Un mar humano que va y viene, que grita, que llora y que ríe. Manhattan quizás sea ese estímulo, cielo y tierra muy movido para poder volar.

Están entonces los bailarines sin peso, livianos en interesantísimos espectáculos, fieles a su manera de ser, de vivir, de soñar y de sufrir. Hay todo un movimiento subterráneo, lejos de ganancias importantes, sostenidos por algunas pocas fundaciones que les importa biengastar el dinero en pos de la danza contemporánea. Y así se puede ver estas puestas, cuyos artistas se valorizan por sus talentos y por sus fuerzas de estar en proyectos comunes como el «Danspace».

En el otro extremo del continente americano estamos nosotros: la «little city», la «south de la south» América, la llamada «tacita del Plata», la montevideana Cenicienta de la región, la muy querida y hermosa Montevideo. La ciudad del alma. La ciudad del contacto, del amor y del dolor.

De latinos por parte de madre y de padre, de hijos del rigor, del sentimiento de la nostalgia, del poco futuro, del pesimismo, y de creadores al fin.

Allá por los años 70 en un espectacular espacio vacío de un futuro teatro, similar al señor Mark’s in the Bouwerie, monté una coreografía con 6 esculturales 6 bailarinas quienes repetían diferentes secuencias alrededor de una importante instalación metálica colocada en el centro del escenario. Ellas bailaban también trepándose o colgándose de la estructura.

Se llamó Escalada, y en ese entonces, se dijo de esta obra maravillas y calamidades. Tenía mucho que ver con la puesta comentada, con las idas y venidas de un mar de fondo que se aproximaba seguro. Tenía que ver con una propuesta de equipo, donde se juntaron Osvaldo Reyno creando la instalación, Dorries-Neumann en iluminación y sonido con un plantel de excelentes bailarinas e inteligentes mujeres del quehacer cultural de nuestro país.

Fue un proyecto de «Danspace», de cuerpos en movimiento, de movimiento de creadores, de búsqueda de lugares abiertos a nuevas propuestas. Un proyecto auténtico, de formador de opiniones, de técnicos artistas, fue un proyecto de avanzada.

En ese entonces vivíamos un comienzo de crisis política, de crisis existenciales, donde se hacía difícil para algunos poder ver hacia adelante sin agarrarse del pasado. Sin poder disfrutar de las «escaladas» que iban apareciendo como forma de expresión pensadas con la razón y el sentimiento. Hoy diríamos: con el alma.

Y volviendo al principio de la nota «Dance in América», quiero expresar lo mucho que me conmovió volver a New York, volver a ver danza contemporánea, volver al mismo punto de partida.

Todo finalmente se asemeja, me da vuelta en la cabeza como un solo punto. Qué lejos estamos y qué cerca. Nada es ajeno, todo se vuelve igual cuando uno se mueve y todo se mueve a la vez. Al fin de cuentas la tierra sigue girando y nosotros seguimos el movimiento para estar en el mismo punto.

¿Quién me mandó moverme? The apple and me is the sa/me.

(1) Teresa Trujillo es coreógrafa, bailarina, docente de la Escuela Universitaria de Música e integrante del Consejo Uruguayo de la Danza (filial CID-Unesco). En 1985 fue nominada a un Florencio por «Esperando a Godot»; dirigió «El Volatinero» en la Comedia Nacional y «Caldo a la reina» con integrantes de El Galpón.

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