Szuchmacher: "Se puede estar fuera del mercado: sólo hay que pretenderlo"

Hemos podido demostrar que se pueden cambiar las cosas

El impacto del festival en Buenos Aires, que fue una de sus fines, no podrá apreciarse sino en el largo plazo.

¿ Pudiste percibir algún efecto inmediato? En tal caso, ¿ cuál fue?

– Es difícil saber qué queda de un festival apenas termina. Creo que la comunidad teatral se sorprendió al asistir a obras de culturas diversas, como el caso de «Mulher asfalto» de Mozambique, pero que a la vez podían ser cercanas en cuanto a medios de producción. Pero no puedo aventurar ningún efecto inmediato con certeza.

– El propósito de hacer un festival «fuera de los circuitos de los festivales internacionales», como se dijo en la conferencia

-¿Fue logrado? ¿Cómo, en qué medida? ¿Es posible estar completamente «fuera» de dichos circuitos?.

-Estar fuera de los circuitos de los festivales que responden a reglas de mercado fue logrado, absolutamente. Este festival no se pareció a ninguno, si bien hay obras que estuvieron en otros festivales. Se puede estar fuera del mercado: sólo hay que pretenderlo. Y se puede hacer un festival con la producción de las ciudades como fue el nuestro.

-Es auspicioso que en un festival de Buenos Aires haya obras de Corea, Mozambique, Finlandia y Polonia.

-¿Qué otros países fueron explorados, aparte de Taiwán y Brasil, como posibles proveedores de obras aptas para el festival?

-La República Checa, México, entre los que también participaron. También buscamos en China, en Eslovaquia, en Lituania, en las ex repúblicas soviéticas. Hay mucho en el mundo que no son los países centrales.

– Si la programación argentina fue de 28 espectáculos y 24 de ellos fueron de Buenos Aires -¿Hasta qué punto puede decirse que está representado el teatro argentino no bonaerense?

-El festival está organizado por el Gobierno de la Ciudad, no por el Gobierno de la Nación. Por lo tanto la preeminencia de la programación es de la ciudad. Seguramente si fuera un festival organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, el resto del país debería estar más representado, pero no es el caso. A diferencia de ediciones anteriores del FIBA, este es el que tuvo más representación del interior del país.

-Varios de los espectáculos internacionales que vi («Hotel Splendid», «Mulher asfalto», las tres piezas de Guillermo Calderón, «El dúo de la africana», «La Comisión Central de la Infancia», «Jean la chance», y hasta «Mishelle di Sant’Oliva» tuvieron una dimensión política, lo que me parece valioso, ya que la hipotética «ausencia de dimensión política» es una dimensión y hasta una dirección política, pero por omisión.

-¿Esa dimensión política pesó en el momento de decidir la elección o es un acontecimiento fortuito, debido a la calidad de dichas piezas?

-La dimensión política no es producto de la casualidad. Tanto Alberto Ligaluppi (co ­director del festival) como yo, somos personas para los que los temas políticos, sociales, históricos son la clave para comprender no solo el arte sino el mundo. La selección se dio naturalmente porque eso está en nuestro pensamiento. La calidad es siempre una condición, pero desechamos obras de calidad porque no «decían nada», un esteticismo casi decadente, aunque de buena factura.

-Dame un ejemplo de lo que considerás espectáculos «bombásticos» (además de «Les Éphéméres», supongo) y que por eso no entran en el plan del festival.

-Los alemanes pretendían enviarnos sus espectáculos enormes, estilo «Der Process» o «Ana Karenina», con muchos actores y escenografías imposibles de pensar en nuestro medio.

-¿Crees que Brasil pudo haber estado adecuadamente representado, como teatro (si no hubiera mediado la gripe A H1 N1), con dos obras de Antunes Filho?

-¿Por qué no? Si bien Brasil tiene mucho en lista, lo cierto es que Buenos Aires tiene una deuda con Antunes Filho que nosotros pretendíamos reparar. Era importante traerlo como memoria del teatro de Latinoamérica, y además de la obra Foi Carmen, que no se parece a nada previo, era importante tener charlas con alguien tan importante como él.

-¿Cuántas obras de Uruguay se postularon para participar del festival? ¿Qué otras obras uruguayas fueron consideradas como posibles candidatas además de las elegidas, «Mi muñequita» de Calderón y «ATP» de Tamara Cubas»?

-No tengo aquí las carpetas con los datos. Pero es cierto que yo personalmente estuve por Montevideo viendo teatro, de incógnito, y eso me permitió ver el estado de las cosas. Lo elegido fue dentro de un limite de tiempo y también para reparar la ausencia de Uruguay en los últimos Festivales.

-La idea del festival, en cuanto descentralizó la presentación de las obras por los barrios (la Boca, Medrano, Avenida de Mayo) y el bajo precio de las entradas, ¿indica que el festival fue concebido para la ciudad de Buenos Aires antes que para los aficionados al teatro?

-La dispersión en toda la ciudad obedeció a que hubo muchos más espectáculos que en ediciones anteriores y que se necesitaban espacios diversos que no están en el centro de la ciudad. En ese sentido, tratamos de que cada espectáculo tuviera la sala adecuada. No lo logramos en todos los casos, pero nos acercamos bastante.

-¿Cuál es tu balance final del festival , con el debe y el haber, una vez finalizado?

No puedo hacer un balance tan sobre el borde del final. Eso sería decir cualquier cosa. Sólo diría que creo que hemos podido demostrar que se pueden cambiar las cosas, no para peor, sino para hacer cosas diferentes. Que de eso se trataba el cambio. La comunidad reaccionó de manera hostil contra el cambio diciendo que todo iba a ser peor, pero creo que demostramos que se pueden hacer cosas distintas y que el arte también se trata de eso.

-En particular, ¿qué cosas pueden mejorar en el futuro?

-Creo que se pueden mejorar muchas cosas.

Los horarios no tan superpuestos, mejor comunicación con los medios de prensa y con mucha mayor antelación, tener más bocas de expendio de entradas, etcétera. Respecto a la pretensión general, es hacer siempre algo mejor, pero no creo que se pueda saber en este momento. A partir del final de este FIBA 2009, por suerte tenemos dos años por delante para poder reflexionar y cambiar lo que deba ser cambiado y perfeccionar lo que haya sido bueno. Espero que el futuro nos acompañe.

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