La historia vuelve a repetirse. Otra vez el terror domina la pantalla grande con el agregado del 3D

Los sobresaltos son taquilleros

Aquí, por ejemplo, la cartelera se nutre de productos rimbombantes como «Sangriento día de San Valentín», que aporta el dudoso honor de desparramar hemoglobina por 3D, en una narración desprovista de ingenio pero que logró trepar a los primeros puestos de entradas vendidas con su parafernalia tridimensional.

La cuestión, en realidad, es que la sangre salpique cada vez más lejos aunque la historia resulte absolutamente insípida. Tal es el caso de «Destino final 4″, otro largometraje que ya ni se molesta en explicar la idea original sobre la revancha de la parca y se limita a procesar una serie de muertes en seguidilla (también para consumo de lentes 3D) sin mayor sentido pero con bastante morbo. Una patología que se deleita en esparcir vísceras, cortar cuerpos por la mitad y agujerear cráneos en primerísimos planos que abarcan toda la pantalla.

No hay argumento, la destrucción es la única anécdota que circula como metástasis hasta un final degradado por la aniquilación.

Mejor suerte parecería tener «La huérfana», a pesar de opiniones encontradas pero con la suerte de generar un clima de suspenso escalofriante más allá de una improbable vuelta de tuerca argumental que no se sostiene ni con alfileres.

Lo mejor de los últimos tiempos dentro del rubro, por lejos, resultó «Arrástrame al infierno», un ejercicio de Sam Raimi sobre maldición gitana al estilo de «Dimensión desconocida» que tuvo su gancho y legítimo poder de convocatoria en medio de una historia simple y casi hipnótica. Incluso ahora se anuncia el largometraje «Invocando espíritus» («The haunting in Connecticut») que dice estar basado en sucesos reales a la hora de relatar una fábula sobre casa embrujada (o poseída) por espíritus atormentados en lo que fue una antigua funeraria. Por cierto, es lo mismo de siempre sin originalidades perturbadoras y que apenas cumple con las expectativas básicas de un incondicional fanático.

En este sentido, el tema de las mansiones tenebrosas y fantasmas a la manera de «Poltergeist» impresiona como una moda cíclica ya que, en Estados Unidos, una de las películas más vistas es «Actividad paranormal» («Paranormal activity») un producto relativamente casero (como «Blair witch») que viene rompiendo esquemas. Esta «revitalización» del género viene promoviendo secuelas de todo tipo («Rec 2″; la segunda remake de «Hallowen» dirigida por Rob Zombie), variables de «La noche de los muertos vivos» como la próxima «Zombieland», reformulaciones del vampirismo en «»Daybreakers» (con un elenco que incluye a Willem Dafoe y Nathan Hawke), nuevas luchas de ángeles y demonios en «Legión», otras apuestas sobre licantropía con «El hombre lobo» con Benicio del Toro y Anthony Hopkins y hasta una versión del clásico «Retrato de Dorian Grey». Hay susto para rato.

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