Entre el mito, la resignación y el estigma del pecado original
En «Caín», el octogenario Premio Nobel de Literatura portugués José Saramago construye un ensayo profundamente revisionista, que desafía nuevamente el habitual rigor dogmático de las sagradas escrituras de la religión judeocristiana.
El exitoso autor, que en el transcurso de su extensa carrera ha sabido edificar una sólida identidad creativa, es uno de los autores referentes de la literatura universal contemporánea.
A partir de la publicación de «El año de la muerte de Ricardo Reis» (1985), su trabajo ha logrado concitar la atención de una multitud de lectores y justificados elogios de la crítica especializada.
Sus obras más importantes son: «Manual de pintura y caligrafía», «Casi un objeto», «Levantado del suelo», «Memorial del convento», «La balsa de piedra», «Historia del cerco de Lisboa», «El Evangelio según Jesucristo», «Ensayo sobre la ceguera», «La caverna», «El hombre duplicado». «Ensayo sobre la lucidez» y «Las intermitencias de la muerte».
En este libro, que fue escrito en apenas cuatro meses, el emblemático escritor, que actualmente tiene 87 años de edad, regresa nuevamente sobre los temas bíblicos.
Como se recordará, la publicación en 1991 de «El Evangelio según Jesucristo» provocó una agitada controversia en su país natal, por la fuerte influencia de la Iglesia en la arquitectura del poder hegemónico.
En esa oportunidad, Saramago padeció furiosos ataques y represalias, por su osadía de humanizar al profeta y su actitud juzgada como irreverente- de desafiar el dogma católico.
Sin embargo, esa circunstancia sólo afirmó la convicción del laureado escritor portugués, cuya obra se caracteriza por su acento particularmente crítico al sistema dominante, su indeclinable compromiso con la justicia social y su permanente denuncia del imperialismo y de las modalidades expoliatorias del capitalismo.
Su proverbial y nunca negado ateísmo, que es naturalmente consustancial a su ideología marxista de siempre, transformó a José Saramago en uno de los autores de culto de la izquierda.
Sin embargo, más allá de sus conocidas posturas políticas, el escritor ha sido reconocido internacionalmente por sus descollantes cualidades literarias.
En «Caín», Saramago aborda el Antiguo Testamento como materia de análisis, en un discurso literario que demuele deliberadamente muchos de los prejuicios instalados en el imaginario colectivo.
Mixturando la narración con el ensayo, el autor reivindica al presuntamente primer fratricida de la historia, fustigando, en cambio, a su supuesto creador.
«¿Qué hizo Caín para que Dios lo despreciara al mismo tiempo que enaltecía a su hermano Abel?», interpela el escritor en este trabajo de sesgo claramente iconoclasta.
La alusión al personaje protagónico de este relato de ficción mitológica, nos conduce inexorablemente al capítulo cuarto del Génesis bíblico, que sentó las bases de la denominada maldición de Caín.
Según relata el anónimo autor del primer libro de La Biblia, el primogénito de Adán y Eva era agricultor, mientras que su hermano Abel se dedicaba a cuidar el ganado de la familia.
De acuerdo a la versión del Génesis, ambos hermanos decidieron hacer una ofrenda a Dios. Sin embargo, por motivos no explicitados, el creador acogió el gesto de Abel y rechazó el de Caín.
A raíz de esta situación, el defraudado Caín mató a su hermano, exponiéndose a la ira de la divinidad, que lo condenó a vagar eternamente por el mundo y padecer las peores calamidades.
Aunque Caín fue expulsado y estigmatizado, no podía ser matado por ningún ser humano, para que viviera y su castigo fuera realmente ejemplar para las futuras generaciones.
Obviamente, esta fábula tiene una connotación claramente aleccionante y muy compatible con la tradición castigadora de la religión judeocristiana, que algunos críticos analistas han asociado incluso al origen del racismo y la discriminación.
Desafiando nuevamente a la aún muy fuerte teocracia, José Saramago construye una obra osada y de trazo irreverente, que interpela severamente a las sagradas escrituras.
El Premio Nobel de Literatura exhibe su habitual ironía, demoliendo sistemáticamente los dogmas subyacentes que han permitido a las religiones apropiarse de la voluntad de sus fieles.
Obviamente, el relato comienza en el idílico e incontaminado paraíso bíblico, donde Adán y Eva protagonizan el primer reto a la voluntad divina, al ingerir la tan mentada manzana prohibida y cometer el denominado pecado original.
Exhibiendo su magistral dominio del lenguaje y permitiéndose, como es habitual, abundantes licencias literarias, Saramago reconstruye el primer conflicto entre el poder y sus subordinados.
Saramago trabaja los diversos ángulos críticos de la tensa relación entre el creador y sus creados, transformando a Adán y Eva en dos apasionados amantes entregados a los placeres de la carne.
Sin embargo, la inicial alusión a la presunta pareja primigenia opera como un mero pretexto, para narrar la vida del infortunado Caín y de su eterna condena.
Según Saramago, Dios es una sobrenatural entidad perversa, malvada y vengativa, que somete a sus creados a permanentes castigos, humillaciones y penitencias.
En un itinerario necesariamente intemporal, el infortunado protagonista se encuentra con otros personajes bíblicos notorios, como la ardiente Lilith, el abnegado Abraham, el obediente Lot, el colérico Moisés, el estoico Noé y el traumatizado Job.
Obviamente, el relato está también poblado de ángeles algunos de ellos bastante indisciplinados- y hasta de un Satanás bastante funcional a los caprichos del supremo hacedor.
José Saramago humaniza a Caín, transformándolo en privilegiado testigo de cruciales acontecimientos registrados en el Antiguo Testamento, como el sacrificio de Abraham, la destrucción de Sodoma y Gomorra, el diluvio universal, la crisis de la Torre de Babel y el dramático éxodo del pueblo hebreo.
En un itinerario realmente impactante por su explícita belleza literaria, la pluma de Saramago recorre paisajes áridos y desolados, ciudades decadentes, palacios de crueles tiranos y ensangrentados campos de batalla.
Como es habitual, la escritura del laureado escritor es aguda e irreverente, denunciando el autoritarismo, la humillación y la resignación que subyace bajo el dogma de fe.
Saramago conjuga su heterodoxa historia en términos de lucha por el poder, sugiriendo que el ser humano es un auténtico prisionero de sus miedos ancestrales y de su ignorancia.
En este libro, el narrador y ensayista acusa a Dios de ser el responsable y el culpable de todos los males del mundo y redime al ser humano, más allá de eventuales culpas.
El personaje de Caín símbolo de todo lo malo y lo grotesco para la religión judeocristiana es humanizado por el escritor. En efecto, aunque es un fratricida, el protagonista de esta peripecia literaria es un ser solidario, contestatario y crítico de la injusticia, la violencia y la prepotencia.
Incluso, el premiado creador se permite impregnar a su relato de una fuerte carga de erotismo, sugiriendo naturalmente que la carnalidad es una práctica normal y despojada de toda eventual connotación desdorosa.
«Caín» es, sin dudas, un agudo ensayo alegórico, que reflexiona explícitamente sobre la hipocresía del dogmatismo exacerbado y la eterna lucha del ser humano por la conquista de su libertad, denunciando frontalmente al autoritarismo y a la cultura de la resignación.
(Editorial Alfaguara)
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