Maratón escénica. Ciento veintidós espectáculos en catorce días

LA REPUBLICA en el Festival de teatro de Buenos Aires

El monólogo «Mulher asfalto»(*), de Alain Kamal Martial (Maputo, Mozambique) es el de una prostituta mozambiqueña, usada, estafada y asesinada por su cliente blanco, al que trata de «señor» hasta el fin. Un músico la acompaña con el birimbao y otros instrumentos exóticos.

En esta pieza, como en otras análogas de Mozambique, prevalece un propósito didáctico sobre el fin de entretenimiento que solemos asignar al teatro; ilustra a las jóvenes sobre los peligros que las acechan en sus esquinas. El espectáculo es patético y nos presenta un panorama social que los noticiarios no suelen proveer; aun la dependencia cultural del texto, influido por la literatura dramática francesa contemporánea (Lagarce y Koltès), se suma, agridulce, al dolor.

«Crónica sentimental de España» (**), de Xavier Albertí (Cataluña) sobre textos de Manuel Vázquez Montalbán (sala Casacuberta, teatro San Martín), recorre paródica y parcialmente la música popular española desde el fin de la guerra civil hasta nuestros días. Encomiable por la velocidad para entrar en materia y salir de ella, así como por el empleo del espacio de la difícil sala, siempre hay gracia y destreza técnica; un punto alto es la descripción del arte del cantor Raphael, donde el humor lanza felices dardos críticos.

«Juan la suerte» (**), o mejor «Juan el afortunado», de Bertolt Brecht, por Le théatre de NéNéKa (Ajaccio, Córcega; teatro Regio) es una obra juvenil de Brecht, escrita entre «Baal» y «Tambores en la noche» y recuperada hacia 1990. La puesta en escena de François Orsoni es una deliberada reconstrucción de la más estricta teoría y práctica del autor, con su tono juglaresco, su escenografía mínima, su habitual escarnio del comercio y su peculiar empleo de música y canciones que, sobre un ritmo «punk», mueven y comentan la acción. La historia extraída de un cuento de los hermanos Grimm, narra las aventuras de Jean (o Hans), un joven que, de trueque en trueque, a cual más desacertado (granja por un caballo, una calesita, una vaca, un cerdo, un ganso…) vuelve por fin a su casa; lejos del envilecedor mercado, pero seguramente sin camisa, es feliz y libre en el estilo Brecht. «La libertad es otra forma de decir ‘no hay nada que perder'» (Kris Kristofferson).

«Clase» (***) de Guillermo Calderón (Chile, Teatro Payró), no fue una sorpresa para quienes conocíamos las dos obras del autor que se presentaron en Montevideo e integraron nuestro festival: «Neva» y «Diciembre». Calderón comienza sus tres obras abriendo una ventana sobre una crisis social. Un profesor va a dar la clase a una sola alumna que ha preparado una disertación sobre Buda; sus compañeros están en la calle, manifestando por mejoras para la enseñanza. Llega el profesor, ensangrentado y desaliñado; bebe sin tapujos de una botellita. La tensión le suelta la lengua; y el torrente verbal de Calderón, cuya concisión, inventiva y riqueza, tanto de imaginación como de ideas, desafía cualquier comparación, concluye implicando a la alumna. De lo mejor del festival.

«Hotel Splendid» (**) de la estadounidense Lavonne Mueller por la compañía Cho­In Theatre (Seúl, Corea del Sur), ejemplifica la suerte que padecieron unas 200.000 mujeres coreanas que durante la Segunda Guerra Mundial fueron apresadas, esclavizadas y violadas regularmente por los soldados japoneses, en fila y por turnos medidos con reloj y con sus preservativos puestos. Con cierto paralelo histórico y social con «Mulher asfalto», apreciamos el carácter testimonial y de denuncia; el estilo literario es occidental, con reminiscencias de Brecht.

«La Comisión Central de la Infancia» (*), de y por David Lescot (Francia) se presenta como un informe sobre la reeducación y relocación de unos 15.000 niños huérfanos de la Segunda Guerra Mundial, a cargo de una asociación de judíos comunistas; a contraluz leemos una historia de la caída del comunismo en la URSS con una serie de chistes, canciones y divagaciones de Lescot, que habla español, sobre una casi infinita variedad de tópicos.

«El dúo de la africana» (**), de Xavier Albertí y Lluisa Cunillé (Barcelona), es una representación paródica de la clásica zarzuela en un país centroamericano, Nueva Peñaranda, a cargo de la gobernadora, ya que el gobernador suele delegarle el mando para solazarse en nocturnas parrandas; la puesta en escena en el palacio de gobierno, siempre tropezada y conflictual, es interrumpida al fin por la triunfante Revolución Libertadora de los pueblos indígenas. El todo posee buena música, buena diversión y dimensión social.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje