NEURONAS Y NEUROSIS

DESCUIDOS DE LA PUBLICIDAD POLITICA

Una neurona jorobona me despertó sin piedad. Y con sus amigas portando enormes carteles reclamaba la atención y quizás alguna consideración especial para que les indicase cuál sería el mejor candidato en las inminentes elecciones nacionales. Ya no pude dormir más, lo que será en el futuro objeto de un llamado a comisión para discutir el derecho que tienen o no de violar el sagrado descanso de los dulces sueños.

Embroncado, con humor defenestrado por esa intromisión, me encontré con una pesada vaca que cortésmente se presentó como Melinda Pastoriza, lanzó una sarta de argumentos para que eligiese entre leche, manteca y yogures Parmalat. Pensé, semidespierto, que había creativos publicitarios que pensaban que con ese truco alcanzaría para ganar más distribución de lácteos en todo el país y que la linda Melinda sería nuestra Primera Mandataria de cuatro patas. Dudé un instante y la conclusión fue que la publicidad, para algunos, es una manera de hacerle gastar dinero al cliente, pero que el cliente se presta a esa estrategia destetada. Stephen Leacock sostenía que la publicidad es el «arte de detener la inteligencia humana el tiempo necesario para obtener dinero de ella». (Ref. «Ogilvy y la publicidad»)

Por allí apareció otra neurona reprochando que las críticas fueran sólo para Melinda cuando también había otra competidora, Augusta Cenadora. Si así venía la campaña política, todo estaba cambiando. Sin duda. Aunque Augusta tuvo planes de gobierno más sabrosos y puede haber logrado cierto apoyo entre «los atorrantes».

Se dice que los que importan son «los indecisos». Pero los buenos conocedores del mercado de votantes están muy seguros de que difícilmente la publicidad convenza a los ciudadanos a cambiar su idea, idea ya madurada desde hace mucho y que tiene poco o nada de indecisión, salvo alguna preferencia dentro del partido elegido. La duda se reduce a «¿Sos de derecha o sos de izquierda?

En lo que se ve hay un extraño, inexplicable fenómeno, como de encontrar cuál será el destino de Pedro. Su futuro estará, al parecer, en tener un jardín de infantes donde los gurises se peleen por una silla o se trencen a trompadas hasta que aparece el colorado grande para separarlos y unirlos como se debe. Si no es un jardín de infantes puede ser que quiera poner una fábrica de golosinas para esos niños o dedicarse ­aquí estaría la explicación de su compañero de fórmula, Hugo­ a ser director técnico de la sub 10, poniéndoles la camiseta celeste y el número para el goleador. O vendedor de autitos que pasan a velocidades no permitidas para circular por el país. Es muy pretencioso imaginar que con ello se llega al futuro cuando los chiquilines recién votarán en 2019, mucho tiempo para esperar que no cambien el color de sus pelucas.

También parece un error el manejo de «Mentirasverdaderas», donde se informa de algo contrario al gobierno y se concluye, o sea la afirmación es la del candidato blanco, con contradicciones y falsedades entre lo que dice el oficialismo y lo que ellos sostienen. A veces vienen ganas de cambiarle el título y endilgarles a esas propuestas el carácter de «Verdaderasmentiras», quitándole toda fuerza a sus dichos y rebotándoles en sus conclusiones.

Ni qué decir del veterano señor Sentido Común, que también lee y saca conclusiones que no se fundamentan. Su guiñada final

deja una sensación de «quizá no deban hacerme caso, todo esto es una gansada».

Larrañaga, gritando, no aparece como buen llamador, tampoco, aunque la publicidad de la 2004 sea, en los hechos, una de las mejores de la oposición.

El Frente trabaja con el aggiornamiento del viejo jingle de Horacio Buscaglia y sirve para «aprontar el corazón» para lo que vendrá. En las fuerzas de la izquierda hay también patinadas o naderías pero parece ser la campaña mas coherente, sin tantos dislates ya que la honradez no se compra, se acepta porque es así.

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