Cuando la pública felicidad se amasa con la arcilla del cambio
En «Entre la protesta y el compromiso», la politóloga Constanza Moreira, con la colaboración de Verónica Pérez, construye un sólido ensayo destinado analizar el giro hacia la izquierda de nuestra América, con particular énfasis en el proceso uruguayo.
La autora, que es doctora en Ciencia Política egresada de la Universidad de Mendes (Brasil), licenciada en Filosofía por la Universidad de la República y docente universitaria, ha publicado «Democracia y desarrollo en Uruguay (1997) y «Final de juego» (2004).
El tramo inicial de este trabajo, que está dividido en tres capítulos, focaliza el proceso de cambio de nuestro país iniciado con el triunfo electoral del Frente Amplio en 2004, que despuntó un razonable horizonte de esperanza en la mayoría de la población uruguaya.
En este capítulo, la investigadora reconstruye las claves para la conformación del primer gobierno progresista de mayoría, que respondió a una ingeniería política realista e inteligente.
La inclusión en el gabinete ministerial de las figuras más representativas de cada sector y de personalidades de confianza del presidente, operó como un indispensable factor de equilibrio que aseguró una gestión aceitada y homogénea, para la toma de decisiones y la ejecución del programa de gobierno. Otro tanto sucedió con la conformación de los directorios de los entes autónomos y servicios descentralizados.
Sin embargo, Constanza Moreira advierte que la falta de acuerdo para incorporar a la oposición a los cuadros gubernamentales, no permitió renovar los organismos de contralor, cuya conformación requiere de mayorías parlamentarias especiales.
Insólitamente, a raíz de esta situación, la Corte Electoral ostenta la misma ecuación de poder desde hace quince años, la cual para nada representa la voluntad mayoritaria de los uruguayos ni se ajusta al mapa político contemporáneo.
Seguramente, Uruguay debe ser el único caso en el mundo en el cual un partido que obtuvo apenas el 10% de los sufragios tiene mayoría y el que cosechó más del 50% de las voluntades ciudadanas está en absoluta minoría.
La politóloga explica la correlación de fuerzas entre los diversos sectores que integran el FA, analizando, además, la diferencia de ritmo entre la gestión gubernamental y la actividad de la interna partidaria.
No soslaya, obviamente, las complejidades de la estructura de los órganos frenteamplistas de decisión, que, a diferencia de las fuerzas políticas tradicionales, le reservan un papel protagónico a las bases.
Para interpretar cabalmente el devenir de esta primera administración progresista, Moreira evoca año por año- el desarrollo de la gestión gubernamental.
En ese contexto, marca la tónica de una política exterior independiente y no subordinada a los grandes centros de poder, que se expresó con la inmediata reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba.
Como se recordará, los vínculos consulares con la hermana nación caribeña habían sido rotos por el gobierno de Jorge Batlle, en una actitud claramente obsecuente con la Casa Blanca.
Constanza Moreira rescata también las primeras señales del gobierno frenteamplista hacia la clase trabajadora, con la aprobación de normas de amparo a los derechos laborales y la restitución de la negociación colectiva en el marco de los Consejos de Salarios, que habían sido arbitrariamente barridos durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle.
En un análisis tan explícito como minucioso, la politóloga reexamina algunas discrepancias internas en el segundo año de gestión, en temas como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el tratamiento del endeudamiento interno y hasta la reforma tributaria.
Obviamente, las diferencias de enfoque sobre estos tres cruciales ejes temáticos confirmaron que el Frente Amplio es- sin dudas- una fuerza política de profunda vocación democrática, donde no existen los discursos únicos, los soliloquios ni los disciplinamientos verticales característicos de la derecha.
Al aludir a 2007, la autora recuerda cómo el aún no dirimido conflicto con Argentina por la construcción de las pasteras monopolizó, durante meses, el centro de la agenda informativa.
Sin embargo, el mayor destaque lo merecen los procesamientos de varios represores que violaron los derechos humanos durante la dictadura y el comienzo de la discusión por la reforma de la salud, que universalizó por primera vez- la atención sanitaria a toda la población.
Al referirse a 2008, el sucinto repaso analítico menciona el veto presidencial a la despenalización del aborto, el frustrado proyecto de reelección presidencial y la trabajosa definición de las pre-candidaturas para las elecciones internas este año.
El relevamiento ministerial casi total operado en 2009, es la pauta dominante del año electoral, que se caracterizó por una moderada caída de la actividad económica provocada por la crisis internacional, que fue compensada por los altos niveles de consumo interno.
En el tramo más jugoso de su análisis, Constanza Moreira aborda las políticas sociales del gobierno del Frente Amplio, la implantación del Programa de Asistencia a la Emergencia Social y sus positivos impactos en los indicadores de pobreza e indigencia y la redistribución operada a través de los Consejos de Salarios.
Aunque admite la persistencia de inequidades sociales que devienen en insatisfacciones persistentes, la politóloga valora la evolución de las expectativas de la población.
Apoyando sus aseveraciones en el Informe Nacional de Desarrollo Humano de Uruguay 2008 y en otros insumos, Moreira ensaya diversas lecturas en torno a la actitud de la población hacia la política, observando que al 60% de los uruguayos no le interesa y que los niveles de participación son mínimos. Obviamente, los más propensos a la militancia son los frenteamplistas.
El documentado ensayo enfoca también la movilidad de las elites políticas en un contexto de transformaciones, en un razonamiento que interpreta la mutación de paradigmas, el recambio generacional y el creciente acceso de los representantes de base social a los cargos de decisión.
Este trabajo contiene un rigoroso abordaje de temas cruciales que marcan tendencias, como la nueva percepción de las políticas de género, la despenalización del aborto y la habitual dicotomía entre Estado y mercado, que es la clave articuladora de la transición del agotado estatus neoliberal a los modelos progresistas.
En el último capítulo, intitulado «La resurrección de las izquierdas en América Latina 1998-2008″, la autora analiza todos los procesos país por país, señalando las diferencias y analogías entre las experiencias.
Obviamente, la percepción es que en cada caso- el grado de radicalidad o gradualismo está subordinado a los contextos históricos y hasta a las identidades y tradiciones políticas.
Este libro es, sin dudas, un ensayo singularmente revelador, en tanto explica e interpreta cómo se tejieron los entramados de los proyectos de cambio económico y social iniciados en nuestro país y en otros hermanos países latinoamericanos.
«Entre la protesta y el compromiso» es un trabajo lúcido, fermental y bien documentado, que convoca a reflexionar en torno al insoslayable desafío de la izquierda uruguaya: lograr un nuevo triunfo electoral, que permita profundizar las transformaciones estructurales iniciadas durante este período de gobierno, la justicia social, la redistribución de la riqueza y la plena vigencia de los derechos ciudadanos.
(Editorial Trilce)
Compartí tu opinión con toda la comunidad