La Nouvelle Vague cincuenta años después
El fenómeno venía gestándose desde varios años antes, pero explotó en 1959. Ese año se estrenaron varios de los filmes iniciales de los cineastas franceses que integraron lo que desde entonces comenzó a llamarse Nouvelle Vague (la Nueva Ola).
Sus principales responsables provenían de la crítica, y especialmente de la revista «Cahiers du Cinema», que cargó contra lo que consideraban la «pacotilla literaria» y los temas «pseudoprestigiosos» del cine francés de entonces.
Los productores razonaron que el apoyo a los jóvenes podía ser redituable y el respaldo de André Malraux desde el Ministerio de Cultura hizo el resto.
De lo que se trató, fundamentalmente, fue de un planteamiento nuevo en los métodos de producción, y de una nueva forma de acceso a la industria cinematográfica: películas de bajo costo, rodaje en exteriores e interiores naturales, estilo de reportaje, cámara en la mano.
Hay visibles diferencias de planteamientos, objetivos y calidades entre los distintos realizadores. Resultan notorias las diferencias entre el rigor de Alain Resnais, la ironía y la ternura de Truffaut, el espíritu de búsqueda de Godard, la facilidad de Claude Chabrol o el cerebralismo de Pierre Kast o Jacques Doniol-Valcroze.
El presente ciclo es muy breve, no pretende revisar la totalidad de la Nouvelle Vague, sino a lo sumo dejar constancia de los inicios de algunos de sus autores fundamentales y repasar una serie de películas.
La programación comenzará hoy con «Sin aliento», seguirá mañana con «Los cuatrocientos golpes», el domingo con «Disparen sobre el pianista», el lunes con «El bello Sergio» y el martes con «Los primos».
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