DE LA REALIDAD AL CINE: MAÑANA SE ESTRENA MALDITOS BASTARDOS

Chaim Miller un judío de origen vienés de 88 años de edad y quien es uno de sus últimos supervivientes, recordó que operaban en el sur de Austria al finalizar la Segunda Guerra. «Eramos soldados de la brigada judía del ejército británico basados en Tarvisio, del lado italiano de la frontera con Austria. Los partisanos yugoslavos nos habían proporcionado listas de criminales nazis y nosotros íbamos en grupos de tres a buscarlos en secreto a sus casas», explicó.

«Primero pensaban que éramos de la policía militar inglesa. Ponían una cara extraña cuando les enseñábamos nuestras estrellas de David. Pero para ellos ya era demasiado tarde. Los llevábamos a un bosque del lado italiano, les ‘escuchábamos’ media hora y luego les explicábamos que debían expiar sus culpas», dijo Miller. «Participé en cierto número de acciones de este tipo y varios grupos más operaban de la misma manera», aclaró el anciano.

Los historiadores no coinciden en el número de ejecuciones efectuadas en el marco de esta operación, coordinada por el futuro jefe de Estado Mayor del Ejército israelí, Chaim Laskov. Las cifras mencionadas van de cien a trescientas.

«Para prepararnos, en el desierto seguimos un entrenamiento de perfectos soldados alemanes, con las armas, los uniformes y hasta los cantos de la Wehrmacht», evocó Chaim Miller.

Con la derrota de Rommel en agosto de 1942 el proyecto quedó obsoleto. Pero la mayor parte de los elementos de la «brigada alemana», integrada finalmente en el ejército británico en el marco de una brigada judía, realizarán en 1945 la «Operación Nakam».

«Nos animaba la sed de venganza. Sabíamos que una enorme mayoría de criminales SS escaparían a la Justicia», resume Chaim Miller.

Enterado de los actos de venganza, el Estado Mayor británico desplazó a la brigada judía a Holanda durante el verano de 1945.

Pero, en Alemania, otro grupo judío, no relacionado con la brigada, preparaba su propia operación. Lo dirigía el lituano Abba Kovner, que quería «una venganza de la dimensión del Holocausto», con seis millones de alemanes muertos, civiles y no civiles.

Bastante avanzado, su proyecto de envenenar en diciembre de 1945 el agua potable de Hamburgo y Nuremberg fracasó in extremis, denunciado por responsables judíos que lo consideraron aberrante y un impedimento para la creación del Estado de Israel.

Entonces, en abril de 1946, Kovner intentó envenenar con arsénico el pan suministrado a los 3.000 prisioneros SS de un campo cerca de Nuremberg. La dosis resultó insuficiente y sólo dio para dolores de estómago.

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