Eduardo Olascuaga en la Alianza Francesa
El jueves, a las 19.30 horas en la Alianza Francesa, Eduardo Olascuaga inaugurará la instalación titulada «Los constructores».
El término y el modus operandi de la instalación se impuso con rapidez. Con toda la intención de permanecer. En general, la instalación se incluye entre los lenguajes del arte efímero, su posibilidad de reconstrucción permanente. Quizá por eso, los museos de arte contemporáneo no la incluyen en sus colecciones estables. Inevitables en bienales y documentas como obras centrales, al finalizar la exhibición desaparecen y queda solamente el registro foto o videográfico. Ese aparecer y desaparecer de la instalación es la legitimación del formidable poder cuestionador de la actividad artística establecida.
Muy lejos quedó la contemplación desde el punto de vista único e inmóvil del plano bidimensional pictórico o tridimensional escultórico para dejar paso a una compleja relación espacio-temporal que solicita la participación activa del receptor.
La instalación descubre e inventa un espacio relacional, solicita que el visitante, espectador o usuario, recree imperiosamente, con la experiencia de su propio cuerpo, su propio espacio e invente la propia obra, construyendo el sentido de la misma. La instalación no admite la pasividad o la pereza, física o mental. Obliga a un recorrido donde surgen ideas, recuerdos, asociaciones cuando la instalación crea una atmósfera atrapante de sugestión total. Incorpora el cuadro pero éste pierde su autonomía, adquiere un nuevo rol para ser una pieza más de un engranaje de una situación temporal que transcurre y se diluye sin posibilidad de recuperación en los términos en que se vivieron pocos instantes atrás.
Los constructores
Eduardo Olascuaga es un constructor nato. Formado en el taller de José Montes, sus juveniles dibujos recibieron la distinción mayor en el Premio Losada (1975) organizado por Quela Rovira. Ya en esos trazos a rapidograf en tinta negra, atrapaba el perfil de un trabajador con una pala al hombro sobrevolando entre columnas de humo de una fábrica. Pero no hubo continuidad. El malón de la dictadura militar lo obligó a emprender el exilio. Se estableció en Barcelona (1976). Para sobrevivir, comenzó con un taller de cerámica, el diseño y fabricación de personajes coleccionables extraídos de la vida diaria e históricos y animales fantásticos, modelados en atractivos colores. De la Ciudad Condal pasó a vivir en la montaña, en una vieja casona del siglo XIII, Cal Ignaci, donde amplió el local para experimentar el alto y bajo relieve en refractario de gran fuego. La escultura no estuvo ajena a su trabajo artesanal pero con orientación distinta, de talante sombrío e informalista, con superficies tajeadas y estiradas, recogiendo las zozobras de una época difícil. Al volver a Uruguay en e 1987, una vez instalada la democracia, reflota aquella tarea artesanal y, aprovechando once años de experiencia, se proyecta como modelo exportador el mercado internacional hasta que la invasión de productos baratos asiáticos interrumpió el exitoso emprendimiento que lo obligó a reformular el taller. Hoy fabrica premoldeados en hormigón, pisos, escaleras, revestimientos de fachadas y mesadas que lo mantienen cercano al quehacer artístico. No hay, en realidad, un pasaje o diferenciación entre la invención del artesano y la del artista. Ambos se nutren de similar manualidad aunque con distintos propósitos. La instalación Los constructores es, en ese sentido, reveladora.
Los constructores, según propone Eduardo Olascuaga, es un doble homenaje: a Fernand Léger, el pintor francés, referente anticipador del pop art estadounidense que dejó, de la temática de los constructores, memorables composiciones. Por otro lado, elige a los protagonistas de la construcción (obreros, proyectistas, arquitectos e ingenieros, los que están vinculados por su producción empresarial), que han dejado la impronta en la ciudad.
La mirada de Olascuaga se dirige a la actividad cotidiana que distraídamente transcurre para la mayoría de los ciudadanos: el riesgoso trabajo al levantar un edificio registrando imágenes en las cuales los constructores descansan o caminan en andamios de altura, al borde del vértigo visual. No obstante el aspecto riesgoso, natural de cual- cualquier obra arquitectónica o ingenieril, no aparece enfatizado. Al contrario, el artista potencia la energía creadora del hombre anónimo, su capacidad de erigir torres sin problematizar la pertinencia en el urbanismo contemporáneo. Aún más. Los cuadros, pintados en grandes campos de color liso, poblados de diminutas figuras esquemáticas, no distraen con la sensualidad de la materia o la precisión de la representación sino que orientan la mirada hacia los otros trabajos (elaborar series temáticas es una característica del autor) que aparecen integrados a una complejidad de andamios reales, algunos de circulación obligatoria, mientras distribuye herramientas y materiales de construcción en el entorno.
En una sociedad altamente ansiógena como la actual, Eduardo Olascuaga introduce la realidad inmediata a la manera de los artistas pop, celebrando con alegre temperamento y diáfana transparencia, algo poco frecuente en los creadores actuales: el goce de los sentidos vehiculizados desde el acto de elaboración de la obra, invitando al visitante a disfrutar de ella en el proceso de su elaboración, a que sea el huésped temporario de una situación que él mismo, al habitarla, produce. Como sucedió en la serie Los ocios del verano, exhibida a principios de la temporada en el MAC, o la inédita Elogio de la insignificancia, Los constructores transmite, con mayor complejidad conceptual y formal, optimismo vital, la felicidad del trabajo colectivo y la alegría de participar en una tarea común.
Otras inauguraciones
En Galería Latina, Sarandí 671, La aventura del silencio, título de la exposición pictórica de la argentina Blanca Toledo, inaugurada ayer martes. Hoy, miércoles, tres inauguraciones: Paloma de la Paz, muestra internacional de dibujo y caricatura, en una recopilación de Julio Lubetkin, a las 20.00, en el Espacio Cultural Banco República, Av. 18 de Julio 998; Diego Focaccio, Luz over Licht, en el Instituto Goethe, Canelones 1524, a las 19.00 y La uruguaya, propuesta de Jacqueline Lacasa, ex directora del MNAV en su regreso como artista, basada en el cuadro La paraguaya de Juan M. Blanes (Espacio Cultural Inguz, a las 19.00, Palacio Díaz, Av. 18 de Julio 1333, piso primero).
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