Efímero teatral. Una historia de amos y esclavos

Se estrenó La sonrisa del emperador en la sala del Ateneo de Montevideo

De acuerdo a la opinión de los responsables de esta puesta en escena, «la historia de dos sirvientes de palacio que deben gobernar a una gran potencia mientras sirven y obedecen al emperador, siempre presente pero nunca visible, presentó tanto desafíos técnicos como artísticos.

Toda la obra se desarrolla en la habitación del emperador, una pirámide de más de tres metros de altura, dentro y sobre la cual se mueven los sirvientes y la que además tiene múltiples puertas, mecanismos y aberturas desde las cuales los protagonistas interactúan con todo el imperio» ­explicó a LA REPUBLICA el director Rodrigo Montero quien agregó que­ «el uso de la música no es circunstancial ni momentáneo sino que la empleamos, tanto melodías como ambientación, todo el tiempo, al punto que el público no la oye, sino que está allí, siempre presente y sirviendo de guía, casi por debajo de la narrativa misma», añadió el director.

«Igual lo que importa al final es la historia», enfatizó Santiago Balbuena, coprotagonista junto con Yamandú Fumero. «Sin un buen cuento y personajes que lleven al público no se sostiene una obra, lo importante es que desde el texto todos los elementos del espectáculo apunten para el mismo lado», agregó. Montero Moss, quien comparte la autoría de «La sonrisa del emperador» con Balbuena y Fumero, comentó que el gran desafío fue «crear una puesta que emplee todos los elementos disponibles en el teatro, coordinados para que el espectador sea transportado a otro mundo. Siempre recordando que al final somos narradores y que estamos contando nuestro cuento de la mejor manera posible, y apostando a que el público se vaya satisfecho, porque por una hora y media estuvo en un lugar a donde no había ido nunca».

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